En la era digital, comunicar ha dejado de ser una acción optativa. El jueves 12 de abril la primera ministra noruega, Erna Solberg, visitó al presidente Peña en el Palacio Nacional. Por la tarde, un periodista noruego miró a sus colegas, se llevó las manos a su cabeza y expresó la siguiente frase: “¿Y ahora, qué envío a la redacción de mi periódico en Oslo?”.

Detrás de su pregunta existía una laguna de información no programada. El plan protocolario sí incluía una conferencia de prensa conjunta, sin embargo, fue cancelada por el gobierno mexicano. El motivo: veda electoral.

“¿Qué es la veda electoral?”, me preguntó el periodista noruego. “Esa fue la razón por la que decidieron cancelar la conferencia conjunta”, me dijo. Dejé pasar unos segundos para escapar de la sorpresa. Después le expliqué ese raro concepto que bien pudo ser llevado al cine surrealista por Luis Buñuel.

Lo mismo ocurrió el 3 de marzo del 2015 en Londres. El presidente mexicano fue recibido por la reina Isabel en un evento estéticamente memorable, y horas más tarde, por David Cameron.

Yo tenía muchas ganas de presenciar la conferencia de prensa entre Cameron y Peña Nieto porque era el único evento que escapaba del guion no improvisado del gobierno mexicano. Me trasladé a Londres y, sin embargo, la conferencia fue cancelada; los ecos de Ayotzinapa llegaron a Downing Street, comentaron algunos de los periodistas presentes.

Es plausible que en ocasiones se cancelen conferencias conjuntas. No lo hizo Nicolas Sarkozy en abril del 2009 en el balneario alemán de Heiligendamm durante la cumbre del G8. Se presentó a lado del presidente ruso Vladimir Putin, y el francés hizo un show involuntario debido a la influencia del vodka en su organismo.

Hay conferencias conjuntas incómodas. Ocurren cuando los mandatarios hacen públicas sus diferencias. Lo hizo el propio Sarkozy en México. El 9 de marzo del 2010, un periodista le pregunta a Sarkozy por el tema de Florence Cassez: “¿Hasta qué punto va a alcanzar la cuestión jurídica sobre la cuestión política en relación con las dos naciones?”. Sarkozy pidió al presidente Felipe Calderón que aplicara el tratado de Estrasburgo en el caso de la supuesta secuestradora francesa. Calderón, asegura Jorge Volpi en su estupenda investigación plasmada en Una novela criminal, respondió varias preguntas “cada vez más irritado” y terminó por cancelar el año de México en Francia. La relación bilateral entró a la congeladora.

En otras ocasiones, el etnocentrismo desenfrenado de periodistas mexicanos produce cierta incomodidad a mandatarios extranjeros. El 24 febrero del 2013, el presidente mexicano viajó a San José, Costa Rica, para acudir a un evento regional del Sistema de la Integración Centroamericana. En medio de varios mandatarios, tres periodistas mexicanos le cuestionaron sobre casos exclusivamente domésticos. ¿Sobre la relación de México con la región? Absolutamente nada. Al escucharlos, me levanté del salón del hotel Intercontinental, crucé una enorme avenida y me perdí en una librería. En nuestra era transcultural, las conferencias de prensa conjuntas, además de ser pedagógicas, demuestran que conceptos como nacionalismo y soberanía son piezas museísticas.

@faustopretelin

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.