Dos afirmaciones frecuentes: Las redes sociales se han vuelto lugares tóxicos y la sociedad está más polarizada que nunca. Fenómenos que no son exclusivos de México, son una tendencia global. 

Primero respondamos una pregunta: ¿Para qué discutimos con alguien en la red? ¿Para hacerlo cambiar de opinión o para desahogarnos?

Podemos fantasear con que la historia nos dará la razón, que aquellos que piensan distinto se darán cuenta de su error, pedirán disculpas y regresarán a casa, humillados, cual perro con la cola entre las piernas. Tengo una mala noticia: de acuerdo a los estudios más recientes del comportamiento humano, eso no va a suceder.

Primero, por el efecto de desinhibición provocado por el anonimato digital. “La imposibilidad de reconocer claves y de ver el rostro de nuestros interlocutores dificulta sentir empatía por ellos”,  dice Mike Ribble en The Digital Citizen Handbook for School Leaders.

Luego están las llamadas “cámaras de eco” donde grupos sociales refuerzan su propia visión de túnel, fortaleciendo y reenviando rumores.

Dejemos aparte a los bots programados para reforzar mensajes o atacar puntos de vista divergentes. Estos, como los algoritmos publicitarios, forman parte de estrategias mediáticas o políticas de intimidación y propaganda. No son interlocutores.

Los fenómenos psicológicos que polarizan al mundo se resumen en el sesgo de confirmación y backfire effect (efecto retroceso a falta de mejor traducción).

Creemos equivocadamente que para hacer cambiar de opinión a alguien basta con enumerar hechos, y que esa persona los incorporará a su conocimiento y cambiará de opinión.

En 2006, un experimento de la Universidad de Michigan probó lo contrario. Brendan Nyhan y Jason Reifler crearon una serie de periódicos con noticias falsas sobre temas polarizantes. Los artículos estaban escritos de tal manera en que confirmarían ideas preconcebidas de la política estadounidense. En cuanto los sujetos leían el periódico falso, los investigadores les entregaban otro que afirmaba lo contrario.

Previsiblemente, los que pensaban como el primer periódico miraban la corrección con desconfianza; y viceversa. Hasta ahí no hay sorpresas. Lo verdaderamente interesante es que después de leer la información que contradecía su creencia, los lectores afirmaban tener aún mayor certeza en lo que pensaban desde un principio.

Cuando la gente se encuentra en lados opuestos en temas polémicos (políticos o morales o religiosos, etcétera), podrán leer la misma información y cualquier evidencia nueva que amenace sus creencias los llevará a reafirmarlas.

La reacción es inconsciente: Una vez que añadimos algo a nuestras creencias, nuestra mente tratará de protegerlo. Es una variante del sesgo de confirmación en el que buscamos en cualquier información recibida, evidencia que confirme lo que ya creemos.

Muchos psicólogos los llaman guiones narrativos: historias que te dicen lo que quieres oír, que confirman tus creencias y te dan permiso (de alguna manera) de seguirte sintiendo como ya te sentías antes de leerlas.

Si a esto sumamos el ambiente tóxico en que suelen darse estas discusiones en las redes sociales, no sorprende que sea tan difícil llegar a acuerdos. Incluso en sitios donde se han creado grupos de discusión con reglas firmes para evitar la violencia verbal, el troleo y el debate tóxico, es complicado encontrar acercamientos constructivos con interlocutores anónimos.

Casi todos los estudios lo afirman: no puedes ganar una discusión en internet. Entre más datos, gráficas, fuentes y referencias produzcas, más confiado estará el otro de lo que ya creía antes de empezar el debate. Y cuando te respondan con sus propias citas, cifras y referencias, tu respuesta será igual. 

Hoy en día hay más oportunidades de elegir la información que recibimos y los canales para recibirla. Los algoritmos publicitarios y de propaganda se adaptan a ti para alimentarte con lo que quieres oír. Es un mundo en que toda la información que recibes llega a la medida. Pronto, tus creencias nunca serán cuestionadas.

Twitter @rgarciamainou

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).