Advierto que esta es una columna que será francamente impopular.

¿Lupita Jones, posible candidata panista a Baja California, es más impresentable que Félix Salgado Macedonio, virtual heraldo de MORENA para el gobierno de Guerrero? La pregunta viene a cuento porque veo muchos ceños fruncidos y mohines de disgusto de intelectuales, periodistas y académicos por una serie de posibles candidaturas de personas salidas de los deportes o el mundo del espectáculo (cualquier cosa que esto sea). Parece que quisieran decir que estos “extranjeros” de la política no tienen derecho a ser candidatos o bien no tienen la cualidad de ser políticos profesionales. Si este es el caso, creo que la Constitución y las leyes establecen que todes les mexicanes tienen derecho a votar y ser votados. ¿Entonces?

Si lo que les molesta es que no sean políticos profesionales (cualquier cosa que eso sea), entonces cabe preguntarse si políticos profesionales como Dolores Padierna, Roberto Madrazo, Manuel Bartlett o el propio presidente López le han dado brillo a su “profesión” y si son mejores que Bibí Gaytán (que no sé quién es), Tinieblas Jr. o Paquita la del Barrio. En caso de que sean candidatos y ganen se verá su calidad, pero, por lo pronto, nadie sabe cómo serán. La verdad dudo que sean peores que muchos de los políticos profesionales. ¿Qué serán dóciles y levanta dedos? La verdad no lo sé y creo que nadie lo sabe y de todos modos la política está llena de “profesionales” que todo lo que saben hacer es obedecer a los poderosos. Por lo pronto, ya hay casos en que se escogió a personajes no profesionales y lo hicieron mejor (o menos mal) que los que llevan una vida en la política.

Sí, sé que lo que se critica es que los partidos hayan tenido que recurrir a personajes ajenos a la política en su desesperado intento de conseguir votos, unos para confirmar su registro legal y otros para afianzar su dominio. También sé que ante el desprestigio de los políticos profesionales (fenómeno mundial) han tenido que recurrir a personajes no políticos. Bien, pues están en su derecho de querer ganar espacios (¿o se esperaba, en el absurdo, que escogieran malos candidatos para perder su registro?) y los votantes estamos en el derecho de no votar por estos “extranjeros”. Igualmente, estas personalidades de los deportes y el espectáculo están en su derecho de comprometer su poco o mucho prestigio metiéndose en la política. Es su decisión.

Hay un dejo prejuicioso en ridiculizar o descalificar a quienes no tienen experiencia en la política y han decidido participar por alguna razón. Por supuesto, hay casos desastrosos, como el de Cuauhtémoc Blanco, de quien se dice que recibió millones para ser candidato del PSD al gobierno de Morelos y es uno de los peores gobernadores.

En mi experiencia, hay agradables sorpresas. En el año 2000, el partido Democracia Social escogió a tres personas ajenas a la política para ser candidatos a la jefatura de Gobierno y a las senadurías por el DF. Por supuesto, la periodista Tere Vale (a quien yo no conocía ni de nombre) no era ajena a la política y resultó ser una magnífica abanderada. Combativa, inteligente y de fácil palabra derrotó en todos los debates a Santiago Creel, a Jesús Silva Herzog y a Andrés Manuel López Obrador. Al final, el aparato perredista (ahora morenista y antes priista) ganó la elección. Creo que la misoginia de AMLO salió a relucir y le costó que Tere le diera una barrida, como se barren las escaleras (de arriba para abajo).

Sorprendentemente, los candidatos al Senado por el DF, Raymundo Capetillo y Agustín Legorreta, resultaron buenos candidatos. En el primero, que llegaron a tildar de un “simple” actor de telenovelas, encontré un hombre preocupado por sus compañeros actores, que muchas veces se encontraban sin nada al final de su vida. En Agustín Legorreta, para mi sorpresa, encontré a un crítico feroz del FOBAPROA, al que culpaba como un error del gobierno que había dañado a millones de mexicanos. Por desgracia, ninguno de los dos se encuentra ya con nosotros, pero guardo buenos recuerdos de nuestra aventura. Afortunadamente, Tere Vale está viva y lista para seguir haciendo política.

Quiero terminar recordando una frase de Germán Dehesa en aquellas brillantes columnas del Reforma. Se preguntaba cómo era posible que una mujer inteligente, profesional y honesta como Rosario Green estuviera en la política. Esa idea me pareció particularmente equivocada. Si los inteligentes, profesionales y honestos no se meten en la política, se las estaremos dejando a los estúpidos, incapaces y deshonestos de siempre.

Así que espero que algunos de los fruncidores del ceño, que han señalado a partidos y personajes no políticos, se preparen para ensuciarse las manos, meterse de lleno en la política e intentemos adecentar el local, como decía Serrat.

Por supuesto, es una idea. Les dije que sería impopular.