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Opinión

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Pobreza persistente y microfinanzas

Dos informes han puesto nuevamente en la discusión pública una realidad más que obvia para quienes están en contacto con la realidad del México Profundo.

Para los urbanitas parece que se les da una mala noticia, de la que no tenía idea alguna. Sorpresa. Indignación. Enojo. Repudio. Culpas bien distribuidas. El informe de Oxfam sobre la desigualdad y el reporte del Coneval evidencian y visibilizan una inveterada situación.

El raquítico crecimiento y subsidios públicos con escasos efectos en los ingresos de la población más vulnerable y no tan vulnerable ponen sobre el tapete el modelo de país que hemos construido los mexicanos. Las tendencias muestran que si no hay cambios radicales, la pobreza seguirá creciendo y la desigualdad mostrará una brecha cada vez más infranqueable.

La pregunta que no puede eludirse es el papel del sistema financiero en la pobreza vigente y en la inmoral desigualdad; en particular, el sector que atiende a las familias pobres y en extrema pobreza (ingresos mensuales inferiores a 4,240 pesos), y a la clase media baja (ingresos mensuales entre 5,459 pesos y 10,000 pesos).

Datos aproximados indican que en los microcréditos el sector comercial (sobre todo, Coppel, Banco Azteca-Electra y Famsa) tiene más de 10 millones de acreditados; el sector bancario y sofomes (Compartamos, Financiera Independencia y muchas otras), más de 3.5 millones; finalmente, el sector de finanzas populares: sofipos (3 millones de clientes) y cooperativas (5.2 millones de socios, de los cuales 40% son acreditados). Esto nos da alrededor de 19 millones de acreditados.

¿A qué viene esto? No podemos desligar pobreza estructural y desigualdad del dinero que los pobres reciben y administran. Las entidades microfinancieras contribuyen a esa administración, vía ahorro o préstamo. ¿Pero contribuyen a profundizar la pobreza y la desigualdad o, por el contrario, generan riqueza patrimonial entre sus millones de clientes?

Yunus y su producto estrella, el microcrédito, fue diseñado para erradicar la práctica de la usura. La evolución de las microfinanzas en México, con un dinámico despliegue en los últimos cinco años, que ha privilegiado el microcrédito y menospreciado el microahorro, ¿se aproxima más al usurero que mantiene a raya al acreditado e impide una verdadera capitalización, cuyo efecto sería una disminución ‘estructural’ de la vulnerabilidad? El crecimiento de la pobreza muestra que entre los 20 millones de acreditados, muchos de ellos, con todo y servicios financieros, han disminuido su nivel de vida.

La vulnerabilidad de los deciles más bajos se ha agudizado con la proliferación de ofertas de crédito con tasas superiores a 50 por ciento. El crédito no sirvió para un mejor vivir y mejor estar. La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera dará luz en el sentido de si la inclusión que se persigue conlleva hacia un vivir mejor.

Los recientes datos no van en esa dirección. Mientras esta inclusión signifique crédito y no incluya ahorro, verdadera barrera ante la vulnerabilidad de los pobres, las tendencias empobrecedoras persistirán. Es imperdonable que las instituciones al servicio de la población más excluida y vulnerable contribuyan a perpetuar pobreza y desigualdad.

*Experto en microfinanzas y coordinador de Cosechando Juntos lo Sembrado SC.

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