El Acuerdo de París y el imperativo de la ciencia para llegar al 2050 con cero emisiones netas de gases de efecto invernadero, implica un despliegue masivo de nuevas tecnologías ya existentes y otras en proceso de concepción y desarrollo. Transiciones energéticas previas, como de la biomasa al carbón, y del carbón al petróleo, fueron graduales. La lucha contra el calentamiento global exige ahora una transición súbita y total hacia las energías limpias. Y esto conlleva una competencia feroz entre naciones por lograr una posición económica dominante en los nuevos mercados, ejemplificada con claridad por China, Estados Unidos y Europa. Esto será clave de hegemonía geopolítica mundial en el siglo XXI. La capacidad de generación eólica offshore y en tierra debe crecer en al menos un orden de magnitud, lo mismo que la capacidad solar hacia el 2030. La inversión anual en energías limpias debe superar los cuatro billones de dólares en ese año, lo que representa tres veces más de lo registrado en el último quinquenio. La expansión exponencial de las energías limpias es factible en virtud de que el costo nivelado de la energía eólica y solar se ha abatido hasta en un 83% en la última década, lo que las hace mucho más baratas que las energías fósiles. La transición hacia las energías limpias y la electrificación del parque vehicular podrán lograr una reducción de más del 70% en las emisiones de gases de efecto invernadero atribuibles al sector energía. En el 2030, más del 60% de los autos nuevos en el mundo tendrán que ser eléctricos.

Todo ello requerirá resolver problemas de oferta de cuatro ingredientes esenciales: 1) Cuellos de botella en la oferta de minerales y otros materiales como el litio, cobalto, níquel, neodimio y otras tierras raras, para baterías y electroimanes usados en generadores y motores eléctricos; y cobre, que es el aparato circulatorio de cualquier sistema eléctrico; también, de madera balsa utilizada en la manufactura de rotores. La expansión en la producción de tales materiales en órdenes de magnitud enfrenta restricciones serias, tanto por la concentración de los yacimientos y existencias en pocos países (tierras raras en China, cobalto en la República Democrática del Congo, litio en Chile y Argentina, madera balsa en Ecuador), como por el impacto ambiental y las dificultades para planear, diseñar y lograr la aprobación social y gubernamental de nuevas operaciones mineras en distintos países – entre ellos el nuestro. La demanda de litio en la segunda mitad de la presente década superará en 100% la oferta prevista, lo que puede inhibir la tendencia hasta ahora firme y clara de descenso en los precios de las baterías – en más de 80% desde 2012. Si bien, cambios de proceso en la manufactura de equipos, nuevos materiales, eficiencia, reciclaje y sustitución de insumos podrán ayudar, es preciso solucionar de manera sistémica los retos de oferta. 2) Escasez de tierras disponibles para el despliegue territorial a gran escala de centrales solares y eólicas, y de nuevas y grandes redes y líneas de transmisión de electricidad (esenciales para mitigar la intermitencia de las energías limpias) que son intensivas en la utilización del espacio, lo cual las hace competir con otros usos del suelo, e implica con frecuencia conflictos por la propiedad y con comunidades locales. Por su parte, las centrales eólicas offshore enfrentan la oposición de la industria turística por afectaciones al paisaje. 3) Escasez de capital de inversión energías limpias, que hoy en día se concentra en China, en Estados Unidos y en Europa, lo cual se añade a la falta de compromiso de países desarrollados para otorgar al menos 100 mil millones de dólares anuales a países en vías de desarrollo. Si bien las energías limpias son las más baratas dada la gratuidad del sol y el viento, sus costos de capital son considerables. Para cumplir con el Acuerdo de París es indispensable la multiplicación de recursos de inversión, cosa que tiene como condición sine-qua-non la existencia de un marco regulatorio e institucional liberalizado que genere confianza y certidumbre a la inversión privada, así como políticas de subastas de energía, Certificados de Energía Limpia, y otros incentivos – lo que ha sido destruido en México. 4) Ausencia de un precio a las emisiones de carbono a través de un mercado de derechos de emisión o de un impuesto – Carbon Tax, que es el instrumento estratégico vital para acelerar la transición energética y cumplir con el Acuerdo de París. Pocos países han instituido un mercado de carbono o un Carbon Tax a los combustibles fósiles de manera significativa. Aunque muchos lo contemplan para el mediano y largo plazo, es necesaria una iniciativa internacional para concertar y coordinar su diseño y operación. 5) La energía nuclear podría resolver varios de los problemas señalados, sin embargo, aún debemos esperar la difusión de reactores modulares más baratos e intrínsecamente seguros.

Como se ve, los obstáculos para una economía verde parecen formidables, y deben ser asumidos y superados si en verdad queremos evitar cambios catastróficos en el clima del planeta.

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Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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