Los acontecimientos de los últimos meses entre Washington y Berlín resultan útiles para comprender el signo de la etapa geopolítica que comienza, en la que algunos avizoran ya un cambio de estafeta en el liderazgo global por la libertades occidentales.

La primera clave la encontramos el 9 de noviembre en la declaración de la canciller Angela Merkel, al día siguiente de la elección en Estados Unidos. En un sobrio mensaje, la canciller felicitó a Trump y recordó que Alemania y EU estaban unidos por valores comunes como el respeto a la dignidad de toda persona, independientemente de su origen, color de piel, religión, género, orientación sexual o posición política. Sobre la base de estos valores le ofrezco al futuro presidente de Estados Unidos de América una colaboración estrecha , dijo Merkel, en un primer intento por establecer distancia con los exabruptos de Trump sobre inmigrantes, tortura, intervención militar, etcétera.

Como parte de su última gira internacional, el presidente Obama visitó la capital alemana entre el 16 y el 18 de noviembre pasado. Esta visita difícilmente se explica sin el triunfo electoral de Trump y la necesidad de encontrar un contrapeso global ante un programa político regresivo. En el marco de esta visita aparece la segunda clave. El 17 de noviembre Obama sostuvo una conversación con los editores del influyente semanario Der Spiegel y de la televisión pública alemana ARD. Klaus Brinkbäumer (Der Spiegel) le preguntó a Obama si el momento actual requeriría que políticos como la canciller Merkel desempeñaran un mayor liderazgo global. Obama respondió que Alemania y Merkel son un apoyo central para la protección de principios fundamentales como las libertades civiles y políticas en el mundo. A su vez, la canciller Merkel declaró en la conferencia de prensa conjunta que ofrecieron el 18 de noviembre, que entre Europa y Estados Unidos existe una plataforma común a favor de la democracia, la libertad, la promoción de los derechos humanos y una apuesta por un orden mundial liberal y abierto. Estas palabras confirmaban el apoyo de Obama, y el compromiso de Merkel por asumir el liderazgo democrático a nivel global. Ya el New York Times había sugerido días antes, que Merkel podría ser -ante Trump- la última defensora de los principios democráticos de occidente.

La tercera clave está en la última llamada telefónica que Obama realizó como presidente de EU dirigida a otro jefe de gobierno: la canciller Merkel. En ella el presidente Obama reconoció que la relación entre EU y Alemania es esencial para mantener un robusto vínculo transatlántico, el derecho internacional y la defensa de principios que han contribuido al progreso humano alrededor del mundo. Este último acto de política exterior de Obama, parece haberle dicho a Merkel frente a la opinión pública global: ahora le corresponde a usted asumir el liderazgo.

En todas estas declaraciones el interlocutor implícito ha sido la comunidad internacional. Alemania no tiene la fuerza militar, ni económica, de EU. Pero es probable que el signo geopolítico de esta etapa que comienza, sea el efecto de contraste. Por un lado, veremos el avance de lo que Habermas llama la hegemonía unipolar americana y por otro, a una canciller conservadora, presionada por las circunstancias a defender el derecho internacional y los principios democráticos más allá de Alemania.