En la actualidad, la responsabilidad de dirigir un partido político a nivel nacional parece ser cosa sencilla. Se acabaron los tiempos donde tal tarea recaía sobre auténticos estrategas políticos y electorales. Todo indica que hoy cualquiera puede hacerlo, al menos así lo han demostrado las cúpulas del Partido Acción Nacional.

El PAN tuvo célebres presidentes, entre los que destacan Luis H. Álvarez, de 1987 a 1993; Carlos Castillo Peraza, de 1993 a 1996; Felipe Calderón Hinojosa, de 1996 a 1999 y Luis Felipe Bravo Mena, de 1999 al 2005. Germán Martínez Cázares presidió ese instituto del 2007 al 2009 y con él inició la debacle.

Hoy es flamante senador de Morena, erigiéndose como el símbolo de la ausencia ideológica que tanto vulnera a los partidos políticos.

Desde el mes de septiembre de este año, ya se sabía que Marko Cortés sería el próximo presidente del PAN, pero para dotarse de una aparente legitimación democrática, se organizó su elección y, desde luego, la ganó. Eso sí, a su decir, de forma contundente.

Los panistas deberían estar preocupados. Después del paso de Ricardo Anaya por la presidencia de su partido, parecen no haber aprendido nada. Ahora ceden su dirigencia a un hombre con poca trayectoria que promete continuar con las deplorables prácticas que los puso en la lona. Esto es tan incongruente como si estando enfermos, en vez de buscar un excelente médico especialista para atendernos, recurriéramos a un practicante recién egresado de la facultad. Así las cosas.

La primera consecuencia de la designación de Marko Cortés fue la renuncia del licenciado Felipe Calderón Hinojosa al PAN, lo que era inminente y tal vez necesario, porque así concluye una etapa de polarización alentada, en parte, por el propio expresidente y su esposa.

La próxima dirigencia de ese partido aniquiló a su disidencia, sin importar que el costo fuera sacrificar militancia. División: la operación matemática que en política sólo da como resultado el fracaso, pero que entre los panistas parece ser su ecuación favorita.

Marko Cortés se ufana de que actualmente su partido es el único contrapeso del poder. Precisamente por ello parece delicado que las decisiones dentro del PAN continúen en manos de un grupo de políticos improvisados, cuyos hilos mueve Ricardo Anaya. Sin embargo, no debemos soslayar que son especialistas en otras artes, como aquella de morder la mano que les da de comer, por lo cual no será extraño atestiguar, a muy corto plazo, traiciones.

A pesar de que en Acción Nacional tienen uno que otro cuadro con experiencia electoral y administrativa incuestionable, como es el caso del exgobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, las concesiones y prebendas en ese instituto decidieron su poco prometedor destino.

Por su parte, el licenciado Felipe Calderón Hinojosa anunció la creación de un nuevo partido político. Es evidente que las historias recientes de Encuentro Social y de Nueva Alianza no le anunciaron nada. El expresidente debe realizar un exhaustivo análisis introspectivo, pues si su mayor capital político lo ve en su esposa, el traspié de la reciente jornada electoral no le augura mucho éxito en la travesía que pretende emprender.

Durante los últimos 12 años, ningún partido político tuvo la capacidad de crear e impulsar personajes capaces de competir políticamente contra quienes ahora se hicieron del poder absoluto, y ya nos dimos cuenta de que las consecuencias pueden ser lamentables.

Es tiempo de que emerjan liderazgos personales, dotados de congruencia, experiencia y, sobre todo, responsabilidad social. Acción Nacional nos está demostrando que es capaz de suicidarse antes de retomar su verdadera vocación y hay que recordarles que los partidos políticos son para servir al pueblo, no a los grupos de personas que se adueñan de ellos.

@Ernesto_Millan

Ernesto Millán

Columnista

Molinos de Viento

Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México. Maestro en Dirección y Gestión Pública Local por la Unión Iberoamericana de Municipalistas. Ha ocupado diferentes cargos en gobierno federal, estatal y municipal por más de 20 años. Es Secretario Técnico del Consejo Consultivo de la Federación Nacional de Municipios de México (Fenamm) y Consejero Jurídico de la Comisión Unidos Contra la Trata A.C.