Es el nombre del libro de la analista Viri Ríos. Sobre el mismo, lo primero que se tendría que decir es que se agradece un texto donde se privilegian los datos y los argumentos. Eso es muy bienvenido en un ambiente de discusión política tan ríspido. El principal aporte, me parece, es la rigurosa revisión de la literatura sobre temas de política económica que analizan el caso mexicano, algunos francamente desconocidos por haber sido publicado en otros países. El otro acierto es el uso de bases de datos propias para apoyar sus argumentos, lo que ayuda a entenderlos y valorarlos mejor. Eso es muy difícil de hacer cuando el texto no se basa en una organización, sino en un proyecto personal. Se trata de un texto que más que aportar a las discusión académica pretende contribuir a la discusión de política pública del país. Eso lo hace sencillo y ágil, en el mejor sentido, pero, por otro lado, la incorporación de discusiones teóricas hubieran ayudado a ubicar los argumentos en un contexto más amplio y enriquecer el análisis.

Entiendo que el argumento central es que México, un país con grandes condiciones para prosperar y construir una sociedad justa, sufre un problema de captura institucional por parte de corporaciones y personas de muy altos ingresos, lo que impide ofrecer servicios públicos adecuados para todos, especialmente a las personas de menores ingresos. Lo anterior también impide reducir la brechas en términos de igualdad de género, por lo que hemos normalizado situaciones injustas que no tendrían que darse. Básicamente coincido, aunque con ciertos asegunes. El primero es que se abusa de la idea de la excepcionalidad mexicana, algo común en nuestra discusión pública. Considero que México sí tiene áreas de oportunidad importantes para generar riqueza, pero, como los otros países ingresos medios, también grandes dificultades, que no se limitan a arreglos institucionales y de actores internos, sino también a carencias de infraestructura, capital humano, acceso a tecnología, carencia de ciertos recursos naturales, problemas de seguridad, que son obstáculos muy serios al crecimiento. Lo que se considera que no es normal, en realidad lo es en el resto de los países de ingreso medio de América Latina, por características estructurales e institucionales que compartimos. Aunque también es verdad que, como se señala en el texto, México presenta rezagos especialmente graves en temas como recaudación tributaria y concentración del sistema financiero. México vive problemas similares a otras naciones que pasaron por procesos de transformación económica de liberación de mercados, que generaron riqueza en ciertas áreas, pero generaron rezago en otras y no incorporaron mecanismos ni de protección, ni de inclusión social.

El punto es que incluso en países desarrollados, en las últimas décadas, se han acentuado problemas como la reducción de los impuestos a las personas de altos ingresos, se han reducido el poder de las instituciones de competencia, el acceso a la justicia, a los servicios públicos y a la redes de protección social no es universal, es cada vez más difícil emprender y ascender socialmente, por lo que la desigualdad entre persianas ha crecido en todo el mundo. Es decir, lo que antes se consideraban buenas prácticas, basadas en el mercado, parecen estar en duda como recetas para generar desarrollo. En el trabajo se abunda más en el análisis que en las propuestas de solución, aunque las que se proponen en general son muy pertinentes, especialmente las que tratan el tema tributario y la necesidad de gravar a las grandes fortunas. Me parece destacable también la insistencia, contra intuitiva pero correcta, de que en realidad el tamaño del estado mexicano es pequeño, lo que impide garantizar el ejercicio de derechos. Se trata de un texto recomendable, que definitivamente contribuye a la discusión pública y que, ante tanto ruido, nos invita a discutir lo importante.

Twitter: @vidallerenas

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.

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