México tiene 2’147,538 personas desempleadas, nos dice la fotografía de fines del tercer trimestre del 2019. Esto es 213,360 más personas desempleadas que hace un año, cuando había 1’934,278. Hay que poner en perspectiva esta cifra: 213,360. Equivale al número de habitantes que tiene la capital del estado de Campeche.

Hay más desempleados en México, a pesar de programas como Jóvenes Construyendo el Futuro y Sembrando Vida. De acuerdo con las cifras de la Secretaría del Trabajo, hay más de 900,000 jóvenes en Construyendo el Futuro. En el caso de Sembrando Vida son 200,000 empleos. Entre los dos programas, son más de 1.1 millones, una cifra respetable, pero insuficiente porque el sector privado no está generando tantos empleos como se requiere. Cada año 1.2 millones de personas alcanzan la edad de trabajar.

El número de desempleados podría ser mayor si se contara de otro modo. La definición estadística de persona desocupada es muy restrictiva. Se refiere a aquellas personas que no trabajaron ni una hora en el mes, a pesar de estar en disposición de hacerlo y de haber hecho algo para buscar empleo en el periodo. Podrían ser más de 2’147,538 desempleados en México si incluyéramos, por ejemplo, a personas que no tienen empleo, pero no lo están buscando. La tasa de ocupación parcial y desocupación es 9.6 por ciento. Ésta la registran las personas desocupadas y las que trabajaron menos de 15 horas a la semana. Son alrededor de 6 millones de personas.

En cualquier caso son cifras oficiales. No hay otras cifras. La tasa de desempleo se situó en 3.6% al terminar el tercer trimestre del 2019. Era 3.3% en el mismo periodo del 2018. En un contexto internacional, es una tasa baja. España tiene 14.2; Italia 9.9 y Francia 8.4. No es motivo de orgullo, porque a México le duele la calidad del empleo. Somos aspirantes al campeonato mundial de la informalidad. Allí están 31 millones de personas, 56% de la población ocupada.

Volvamos a la desocupación, ¿cómo explicamos el incremento en los desempleados, el alza en el desempleo? En otros países, quienes estudian el mercado laboral tratan de averiguar qué parte de la desocupación está asociada a fenómenos como la automatización. En México no somos tan sofisticados, entre otras cosas porque tenemos hipótesis más sencillas al alcance de la mano. El sector de la construcción, uno de los principales empleadores, está en crisis. En lo que va del año registra una pérdida de más de 117,300 empleos. Esto es normal para un sector que ha caído 4.7% en el 2019. En el otro lado del espectro, las actividades agropecuarias que sí están creciendo, registran poca generación de empleo, apenas 13,100 en el año.

Entender el misterio de los empleos perdidos y los trabajos no generados es una tarea titánica. ¿Cuántos más empleos habría si no se hubiera cancelado el aeropuerto? ¿cuántos menos si Donald Trump hubiera impuesto aranceles o denunciado el TLCAN? ¿de qué tamaño es el agujero laboral que ha provocado la inseguridad y la violencia?

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Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.