Lo que suceda en Francia durante la segunda vuelta electoral no sólo será decisivo para los próximos años de la quinta república, sino que en buena medida definirá el futuro de la Unión Europea.

Ver al candidato independiente Emmanuel Macron contender contra la radical ultraderechista Marine Le Pen es un síntoma del deterioro de los partidos políticos y un grito desesperado por lograr cambios de fondo.

Mario Vargas Llosa tiene razón cuando dice que, hoy la mayor amenaza a las democracias que idealmente han defendido la libertad es el populismo (tan peligroso de izquierda como de derecha). El sentimiento antisistema sigue en efervescencia alrededor del mundo.

El problema es que, lejos de convertirse en una oportunidad para replantear, redefinir y redirigir a un sistema decadente en la dirección correcta, está siendo el pretexto para apelar a la parte más egoísta, aislacionista y divisoria del ser humano.

Conforme los problemas se vuelven más complejos, los políticos bañados de demagogia se dedican a dar respuestas cortas y a proponer soluciones automáticas que son casi imposibles de implementar. Ante la frustración y desesperación, pocos se detienen a cuestionar y a pensar en las consecuencias de sus decisiones, de ahí que opten por la salida fácil de elegir a quienes prometen todo rápido, fácil y hasta gratis, aunque después la factura sea impagable.

No obstante los retos internos en cada país, hoy la complejidad de las elecciones rebasa las propias fronteras, pues existen intereses tan grandes que la intervención de otros países en los procesos electorales es una realidad. En el caso de Francia (no es el único), a quien más le conviene una eventual victoria de la populista Le Pen es a Rusia.

Su amenaza de acabar con la Unión Europea la convierte en la candidata favorita del Kremlin. Putin no escatimará ningún esfuerzo para verla triunfar el 7 de mayo. Ojalá no ocurra un atentado terrorista o algo más grave que le dé una clara ventaja.

México debe verse en el espejo de Francia, pues corremos el mismo riesgo. Guardando toda proporción en las diferencias entre países, en el 2018 el escenario en México puede ser muy parecido al de hoy en Francia.

Un candidato independiente dándole fuerte batalla a quien representa una amenaza populista. El problema es que nosotros no tenemos segunda vuelta, nos jugamos todo en la primera, de ahí que tenemos que apurarnos para rebasar, con propuestas creativas y sensatas, a la demagogia que ya marea y confunde a tantos.

Twitter: @armando_regil