En el Comité Técnico Nacional de Seguridad Social del IMEF está preparando un documento para que los candidatos presidenciales analicen, reflexionen y propongan lo que mejor consideren en la agenda nacional sopesando lo siguiente:

Nos antecede una colección de sistemas de seguridad social a la vejez amplia, diversa y discriminante; siendo los más generosos: banca de desarrollo, sector bancario, industria energética estatal, organismos gubernamentales y algunas excepciones del sector privado que, contra quienes cotizan al sistema de seguridad social, representan una desigual proporción cercana a 1/12.

Respecto al IMSS, la reforma a las pensiones de 1997 permitió que los trabajadores afiliados dieran viabilidad a las finanzas públicas, sin que ello significara una mejora a sus cotizantes. Lo mismo sucedió con las reformas de pensiones del ISSSTE, Pemex y CFE, que sólo han prolongado la vida presupuestal sin tener inclusión de beneficios para todos.

Hoy el pasivo del IMSS para sus empleados y jubilados es de proporciones similares al pasivo de todos sus cotizantes y éstos son, al menos, 40 veces más.

Actualmente, de acuerdo con cálculos propios y con base en información del Inegi, México cuenta con una baja cobertura del sistema, al ser solamente de 25 a 30 de cada 100 personas de la población económicamente activa quienes cotizan. Con un ahorro insuficiente de los afiliados de 6.5% del sueldo, se estiman pensiones de 30% del último sueldo bajo el nuevo esquema de cuentas individuales. El problema de suficiencia en los ingresos al retiro está ligado a una baja contribución al sistema y la baja densidad de cotización de los trabajadores, ocasionada por la intermitencia en el mercado laboral.

Hay que tomar en cuenta que el siguiente sexenio tendrá el primer jubilado bajo el nuevo régimen (afores) que, junto a la reforma del ISSSTE del 2007, no resolvieron el problema presupuestal en materia pensionaria.

A esto se suma que la reforma fiscal del 2014, desincentivó la incorporación de nuevos planes de pensiones privados y las aportaciones a planes ya existentes, reduciendo beneficios fiscales a empresas que los otorgaban. Por otro lado, los gobiernos de algunos estados crearon programas de apoyo a la población vulnerable de 65 más, sin programas de financiamiento, sólo reconociendo el pasivo. Tal parece que no aprendemos la lección.

Contamos con una condición demográfica aún favorable donde la tasa de dependencia (población 0-19 y 65+/población 20-64) seguirá descendiendo hasta el 2034, año en que empieza a revertirse la pirámide demográfica y los costos asociados a ésta se concentrarán en edades avanzadas, lo cual será positivo sólo si se actúa.

Para ello, debemos considerar las herramientas tecnológicas que permiten ampliar la cobertura y el ahorro, como son Afore Móvil, Millas para el Retiro, ahorro por domiciliación, red comercial que permite ahorro voluntario (establecimientos como 7/11, Farmacias del Ahorro, Chedraui, entre otros). Sin embargo, esto no es suficiente.

Para el IMEF, entre las soluciones a considerar están:

  • Que las afores tengan mayor libertad y diversificación de las inversiones, flexibilizando el régimen de inversión y continuar con la tendencia en eficiencias del sistema así como incentivar a los trabajadores que hayan cotizado o dejen de cotizar en la seguridad social, a través de estímulos fiscales y política pública asociada al ahorro.
  • Reconocer y forzar el ahorro del pasivo laboral de empresas, con beneficios fiscales y opción de salida para aquellos trabajadores que deseen salirse, con obligatoriedad nacional. Esto implica que los pasivos laborales se deben fondear al igual que cualquier pasivo de la empresa, como, por ejemplo, un edificio o maquinaria.
  • Permitir portabilidad del sistema a productos que más convengan al mexicano, por geografía, condición laboral o gremio. Los planes personales de retiro hoy permiten un esquema eficiente siempre y cuando reconozca la individualización (artículo 151 de la LISR, fracción V), éstos requieren ventajas adicionales para que se desarrollen y el ahorrador se incluya.
  • Obligar la cobertura del sistema, incentivando a los trabajadores independientes, hayan cotizado o no y dando la opción de salir.
  • Mejorar incentivos fiscales al ahorro de largo plazo (pensiones/retiro) voluntario corporativo o personal y regresar incentivos fiscales a las empresas que brindan planes privados de pensiones.
  • Reformar pensiones gubernamentales de “privilegio” que abarquen el rediseño de los beneficios, su financiamiento y las reglas de operación con regímenes de inversión viables a largo plazo. Esto da profundidad y sofisticación del sistema financiero de México.

Evitemos regresar a esquemas pasados, ignorar el envejecimiento y condiciones del sistema de pensiones como se ha hecho hasta ahora. Para el próximo presidente, el destino ya nos alcanzó.

*Presidente del Comité Técnico Nacional de Seguridad Social del IMEF.

jorgelopez@vitalis.com.mx