Con la llegada de la pandemia de Covid-19 a la vida de los seres humanos no sólo se debe ser precavido, se debe aceptar y aprender a vivir con esta situación hasta encontrar el remedio para combatirla, pero sin duda la forma en que el mundo se rige, ha cambiado.

Hace poco menos de una década que China decidió cambiar su modelo económico, de uno sustentado en exportaciones y producción industrial, a otro basado en importaciones y consumo, de tal forma que la mayoría de su población pudiera acceder a más productos y fortalecer así la clase media, la transición desencadenó una serie de peripecias y al día hoy no supone un éxito.

El Producto Interno Bruto (PIB) de crecer a tasas cercanas a 10%, ahora tiene un objetivo de 6%, sin mencionar que en la última reunión trimestral de la Asamblea Nacional Popular se decidió no fijar un objetivo de crecimiento económico, debido a la gran incertidumbre que genera la pandemia y la desaceleración económica que tuvo lugar el primer trimestre del año, en donde por primera vez en décadas se manejaron cifras negativas.

Lo anterior, aunado a que se reavivaron con más fuerza las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos, pone en entredicho que el país asiático continúe siendo “la fábrica del mundo”, ya que Donald Trump ha incrementado su ofensiva contra las empresas chinas, presionando a los empresarios estadounidenses a mover sus operaciones fuera del país asiático o bien, aumentando los estándares regulatorios con el fin de deslistar empresas chinas de sus bolsas de valores, lo que impediría recabar recursos a dichas empresas.

Culpable o no de la pandemia que ha sacudido al mundo entero, China está en una posición frágil, que se suma a su pérdida de productividad, ante el incremento salarial y los avances en derechos humanos, acompañada de la fortaleza del yuan ha conllevado la pérdida de competitividad a nivel internacional.

China se ha consagrado como el motor de los mercados emergentes, pero eso podría cambiar. Es impensable pensar que se rompan por completo las relaciones comerciales con Estados Unidos, pero sí podría existir una reorientación de las cadenas de valor. Esto dependerá de aquellos países que tengan una mejor posición para poder proveer productos.

Un estudio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) señala que ya parte de las exportaciones se han desviado principalmente hacia Taiwán, en menor medida hacia México, Europa y Vietnam, y al parecer, los grandes ganadores para esta nueva etapa deberían ser los mercados emergentes. ¿La razón? La mano de obra es su mayor fortaleza.

Todos estos movimientos geopolíticos y comerciales son observados detenidamente por los expertos, para que con base en ellos y distintas herramientas a su alcance puedan orientar a los inversionistas en el momento de crear o revisar sus portafolios de inversión de manera que se encuentre un equilibrio en las inversiones.

*La autora es Client Strategist en BBVA Asset Management

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