En opinión de los expertos, México se ha convertido en un país de clase media, a pesar de contar con 50 millones de pobres, cerca de 60% de los mexicanos tiene, aunque mínima, una cierta independencia económica. Si esta estadística fuera de Brasil o India (o cualquier otro país en desarrollo) hubiera dado la vuelta al mundo; sin embargo, para nuestra desgracia no sólo no pudo robarle lugar alguno a las noticias de inseguridad sobre México en el extranjero, sino que aquí la noticia giró en torno de la forma de cómo la presentó el Secretario de Hacienda.

Independientemente de si este hecho se puede ver como un vaso medio lleno o medio vacío, más mexicanos de clase media implican más empleos, inversión, crecimiento e innovación, entre muchos otros. Tanto así, que comparado con los famosos BRIC, nuestro consumo privado como porcentaje del PIB es mayor y representa más de 50% del consumo privado por persona (dólares) de los brasileños, el primer consumidor de los BRIC.

En otras palabras, una mayor clase media debería ser una esperanza para los cerca de 50 millones de mexicanos en pobreza. El hecho es que pareciera que sucede lo contrario en nuestro país. La razón, supongo tiene que ver con que nuestro mayor poder de compra e ingresos no se traducen en una mejor ciudadanía. Es decir, el que más mexicanos compren casa, adquieran una tarjeta de crédito, vayan al cine y tomen clases de inglés no ha transformado nuestras instituciones. Éstas siguen igual de débiles y aun cuando pertenecen al siglo pasado, nuestros representantes no quieren reformarlas. En los últimos tres años la única reforma en México que ha logrado primeras planas en los principales medios de comunicación extranjeros es la reforma a la Ley Federal de Competencia Económica. El que no sepamos qué hacer con una mayor clase media no es culpa de quien la mide, sino de nuestro Congreso y sus partidos, que en lugar de trabajar sólo buscan agilizar su guerra por el poder. Ellos son la causa de que nuestra clase media no traiga mejores gobiernos, una ciudadanía más participativa, instituciones más robustas, más democracia y mejor rendición de cuentas, como sucede en otros países. Basta observar a los gobernadores que se oponen a la rendición de cuentas y a los sindicatos en contra de la transparencia que pululan algunas élites de los partidos para entender por qué una mayor clase media no es una buena noticia en México.

[email protected]