Las ciudades mexicanas son las grandes ausentes de la política nacional actual. A pesar de que casi 78% de los mexicanos somos urbanos y cerca de 75% del PIB se genera en nuestras urbes (por arriba del promedio mundial, donde 51% de la población es urbana y donde 60% del PIB mundial se genera en éstas), los candidatos prácticamente no tienen propuestas para transformar nuestras ciudades en urbes sustentables y atractivas para la inversión y el talento.

Salvo por algunas buenas ideas de un candidato, prácticamente no existen ideas de política urbana dentro de las campañas. Aunque desconozco la razón, imagino que probablemente los otros candidatos creen que los presidentes municipales tienen la responsabilidad de atender y resolver los problemas de nuestras urbes.

Aunque la planeación urbana recae en las autoridades municipales y estatales, el Ejecutivo federal puede ser un factor de cambio importante para revertir la pésima política de desarrollo urbano que tenemos actualmente en todas nuestras ciudades. Según las más recientes investigaciones del Imco en la materia (mismas que daremos a conocer en dos meses), ninguno de los planes de desarrollo de las principales ciudades y municipios del país contempla un límite al crecimiento de la mancha urbana. Por otro lado, aquellas ciudades que planean alrededor del crecimiento de su mancha urbana y de su población (ciudades que se conciben como compactas) son las que ofrecen mayor calidad de vida.

No es difícil imaginar que una ciudad más compacta utiliza de manera más eficiente sus recursos ni que una ciudad sin agua simplemente se colapsa. Sin embargo, es mucho más difícil entender cómo no contemplar estos elementos puede convertir una ciudad en un lugar inhóspito que ahuyente las inversiones y el talento en el mediano plazo.

Es fundamental que los candidatos incluyan políticas urbanas dentro de sus propuestas. Condicionar los fondos metropolitanos, los fondos de infraestructura, o bien, los subsidios en materia de vivienda a aquellas ciudades que restrinjan el crecimiento de su mancha urbana o a quienes promuevan políticas metropolitanas, en lugar de municipales, puede ser un buen punto de partida.

Nuestras urbes compiten cada día más con ciudades latinoamericanas como Bogotá, Belo Horizonte o Medellín, entre otras, donde no sólo se planea en torno del crecimiento de la mancha urbana, sino que ya cuentan con políticas de transporte y agua metropolitanas. De no cambiar este factor, estaremos condenando a nuestras ciudades a un lento colapso.

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