En memoria de Javier Salas

Como todos los años, el pasado 12 de este mes fue el Día del Cartero. Al depositar en el sobre que el repartidor deja para otorgarle “su día”, recordé el pésimo servicio que presta Correos de México. Desde luego esto no es culpa del cartero. Cualquiera que haya tenido que acudir a una oficina de correos, ha visto las precarias condiciones en que éstas trabajan: instalaciones deterioradas y sucias, pilas de cartas y paquetes regados por todos lados, la clasificación no está automatizada. No sorprende que es común recibir en marzo tarjetas de navidad que, a pesar del correo electrónico, aún envían personas y compañías. No existen estadísticas de cartas y paquetes que nunca llegan a su destino, pero sospecho que debe ser un número importante. A esta dependencia gubernamental le han reducido sistemáticamente el presupuesto. Por eso falla tanto su sistema de logística y Correos de México es un desastre desde ya hace muchos años.

Ya hace tiempo envié un libro a través del servicio de mensajería MexPost de la CDMX a Hermosillo. En la sucursal por el Camino al Ajusco me indicaron que el paquete llegaría en dos días. Después de dos semanas el destinatario aún no lo había recibido. Al regresar a la sucursal, la dependiente me enseñó en una libreta que mi servicio había sido despachado el día anterior, ¡apenas al aeropuerto! En ese entonces el director general de Correos de México era un amigo mío, así que le escribí un mensaje al respecto y le dije que, de haberlo sabido, yo personalmente hubiese llevado el paquete al aeropuerto. No me respondió y seguro perdí un amigo.

El problema es mundial para los operadores de correos derivado de la revolución del internet y la competencia electrónica. No es nuevo que la demanda por envío de cartas se ha reducido dramáticamente y que el incremento de compras en línea al menudeo, ha aumentado notablemente la demanda por servicios de paquetería.

Una pregunta fundamental es si tiene sentido preservar el servicio de cartas por correo ante el uso generalizado del correo electrónico y los celulares, que son los principales medios para recibir mensajes, documentos y cartas. Pensé que los correos físicos podrían desaparecer como en su momento los telegramas que la tecnología hizo obsoletos. Pero para mi sorpresa, TELECOMM todavía ofrece el servicio de telégrafo y a costos elevados: un telegrama con entrega al día siguiente de 30 palabras cuesta 20 pesos y si es entrega el mismo día, 39 pesos. Claro que advierten “siempre y cuando exista reparto”.

Algunos piensan que sería mejor adaptarse a los cambios tecnológicos y reducir al mínimo el servicio de correo (quizá para revistas). Postulan recanalizar el gasto hacia el servicio de paquetería para competir con las numerosas empresas grandes y pequeñas de distribución. Pero ¿tiene sentido que el gobierno compita sin ventaja comparativa en el mercado de paquetería? Ante tantas compañías y servicios, ¿necesitamos a MexPost (y telégrafos)? El nombre del juego es la modernización. Pero para un gobierno que promueve “la economía del trapiche” esto es anatema.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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