La mente humana es un campo minado, por lo menos ese es el guiño que hace Michael Stevens, al titular su serie documental para YouTube Premium: Mind Field.

Cuando YouTube decidió aumentar su oferta de programación como un servicio de paga y generar contenidos propios, una de sus estrategias fue contactar a algunos de sus canales más populares y ofrecerles presupuesto para producir episodios más complejos y elaborados.

Uno de ellos fue el canal Vsauce, fundado por Stevens (canal con 14 millones de suscriptores en la actualidad). El contenido principal de Vsauce circulaba alrededor reflexiones filosóficas y científicas sobre la mente y el comportamiento humano, usualmente con el conductor hablando a la cámara y algunas imágenes para ilustrar sus ideas.

Mind Field, que empezó a transmitirse vía streaming en el 2017, se dedicó a expandir su paleta con cuestiones menos conocidas sobre el comportamiento humano, y para ello cada episodio de media hora incluiría un experimento psicosociológico, llevado a cabo por Stevens, expertos, celebridades menores y voluntarios.

Lo interesante de un programa como Mind Field es que sus temas tienen una relación directa con nuestra experiencia cotidiana. Pensemos en el segundo episodio: “Conformity”, que tiene mucho que decir sobre la bipolaridad y división política que hay hoy en día en buena parte del mundo.

En “Conformity” se ilustra con un experimento social cómo muchas personas renuncian a sus ideas y a las cosas que saben verdaderas para adaptarse a la opinión generalizada de su grupo social (sea esta la que sea, no se trata en este momento de tomar partido).

En el experimento, un grupo de actores da la respuesta incorrecta a un problema lógico de resultado evidente, los jóvenes sujetos al experimento, al ver que los demás dan una respuesta errónea, empiezan a decirla también. Es más importante pertenecer al grupo que discordar en lo correcto.

En “Destruction”, Stevens aborda el placer que sienten los seres humanos al destruir cosas (romper cosas, peleas violentas, fuegos artificiales, las iniciativas propuestas por otros), un tema vinculado de cerca al manejo de la ira.

Para el manejo de esta última, apoyándose en la “teoría de la catarsis”, se solía sugerir “dejar salir el enojo”: golpear o destruir objetos (a veces incluso réplicas de oficinas, cocinas, etcétera).

Los seres humanos tendemos a explicar nuestro comportamiento a través de metáforas, decía el lingüista George Lakoff. Una de ellas, describir el enojo como si fuera un líquido dentro de un contenedor calentado hasta que la presión lo hace explotar. Siguiendo la metáfora, suele pensarse que “dejando salir poco a poco el vapor”(en inglés existe la expresión blow off some steam) se genera la catarsis necesaria para disolver el enojo y recobrar la ecuanimidad.

Sin embargo, la teoría de catarsis no funciona. Diversos estudios han demostrado que aunque la persona enojada que ventila su furia siente un momentáneo alivio, ese alivio condiciona a su cerebro a buscar más razones por las que enfurecerse, actuar, y sentirse nuevamente aliviado, además, de vincular el estar enojado con un justificado comportamiento agresivo. Se vuelve un círculo vicioso.

Un boxeador le explica a Michael que lo peor que puede hacer en el ring es enojarse. Que dejarse llevar por la ira hace perder foco, echar la estrategia por la ventana y arrojarte ciegamente al otro como pleito escolar de patio. Que el buen boxeador está relajado y enfocado. Le explica que para trabajar el enojo físicamente lo mejor es hacer una actividad deliberada y planeada (entrenar), nunca actuar por impulso: arrojar cosas, azotar puertas o patear a la mascota.

El experimento que hace Stevens en su programa es una variante del que en 1999 hicieron tres científicos en EU (se publicó entonces en el Journal of Personality and Social Psychology). Se invita a dos grupos de personas a participar en una discusión política. Para ello escriben un breve ensayo sobre sus ideas sobre un tema polémico. Luego se les dice que su compañero “Clint” calificará su ensayo y hará una crítica (se les proporciona una fotografía de Clint, aunque Clint en realidad no existe).

Stevens “corrige” en tinta roja los ensayos con observaciones hirientes y ofensivas, irritando y enfureciendo a sus autores. Al primer grupo se le permite descargar la frustración destruyendo una habitación llena de jarrones y esculturas de cerámica. Al otro se le da acceso al mismo cuarto lleno de cosas rompibles, pero se les pide paciencia, contar hasta 10 y respirar hondo.

Poco después, individuos de ambos grupos tienen la opción de desquitarse con Clint (se les dice que está en la habitación de al lado). Se les indica que, si al encenderse una luz sobre un tablero son los primeros en apretar un botón, podrán darle una descarga eléctrica a Clint en el otro cuarto (y elegir la intensidad y duración de la descarga). Por el contrario, si Clint les aventaja, él se las dará a ellos.

La idea prevaleciente de la teoría de catarsis diría que el primer grupo estará más tranquilo, después de haber desfogado su ira destruyendo la habitación, y que el otro, que tuvo que tragarse el coraje, se sentirá más agraviado por Clint.

Sin embargo, como suele suceder en Mind Field, el resultado es el opuesto del que esperamos. Son los que “descargaron” la ira quienes resultan los más violentos con el ficticio Clint, y son los otros, los que se calmaron, quienes resultan más empáticos y se toman las cosas como un juego. Es un tema de reflexión obligada en una época donde el discurso dominante en las redes y la sociedad parece ser una invitación a expresar la frustración a través de violencia física o verbal contra los otros.

@rgarciamainou

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).