Como en México, en Estados Unidos hay miles -sino es que millones- de personas que luchan por cambiar el paradigma con que su país enfrenta el problema de las drogas. Pensar que los gringos son los consumidores y que no les importa reducir su demanda es simplemente no querer ver algo que sucede cotidianamente.

Basta con escarbarle un poco a la red para encontrar cientos de organizaciones no gubernamentales, movimientos comunitarios y hasta autoridades bien organizadas que empujan con fuerza la implementación de más y mejores políticas en materia de prevención y tratamiento a las adicciones.

Hasta el momento, la administración de Barack Obama había estado trabajando bajo el presupuesto y lineamientos determinados por el expresidente de esa nación, George W. Bush. Con la presentación del primer presupuesto antidrogas en febrero pasado y la Estrategia Nacional de Control de Drogas 2010, apenas ayer, Obama ya no tiene pretextos: ambos documentos muestran su nivel de compromiso para enfrentar los enormes problemas que causan 23 millones de usuarios de drogas ilícitas (de los cuales 7.6 millones necesitan tratamiento) en ese país y alrededor del mundo.

Por la relevancia que este asunto tiene para México es importante desmenuzar la estrategia, observar en qué aspectos representa un avance y en qué otros, si es que los hay, un retroceso. Aquí algunas ideas para entrarle al tema:

1. Históricamente, Estados Unidos había gastado más de 60% de su presupuesto en políticas de erradicación e intercepción y el resto en políticas de reducción de la demanda. Era un presupuesto desbalanceado y basado en cuestiones más ideológicas que pragmáticas. El presupuesto de Obama aumenta en 13.4% el gasto en prevención y 3.7% el gasto destinado al tratamiento contra las adicciones. Mejora el récord histórico, pero el aumento es claramente insuficiente. Estados Unidos continuará gastando más del doble en reducir la oferta que en reducir la demanda de drogas ilícitas.

2. Más allá de la presentación formal de la estrategia y de su presupuesto, Obama ha tomado decisiones importantes que van en la dirección correcta, decisiones que habían sido parte de la agenda del movimiento en favor de un mayor balance entre combate a la oferta y a la demanda en Estados Unidos.

Obama eliminó una prohibición de más de 20 años que no permitía el uso de recursos federales para programas de intercambio de jeringas con el fin de reducir los contagios de VIH/SIDA.­ También cambió la política federal para no perseguir a los pacientes o a los productores de marihuana para fines médicos, mientras éstos cumplan con las leyes y reglamentos estatales.

Quizá a los mexicanos estas acciones nos parezcan poca cosa, pero la verdad es que implican cambios significativos en la forma en que los estadounidenses piensan sobre el problema de las drogas. Como en muchos países, incluido el nuestro, el cambio no viene fácilmente.

En Estados Unidos, la política antidrogas está en transformación –cuestión que se nota más fácilmente a nivel de los estados que a nivel Federación–, falta mucho, cierto, pero no reconocer señales positivas simplemente porque no las entendemos de poco nos ayuda. Más que pensar en términos de pinches gringos , quizá deberíamos encontrar grupos aliados del otro lado para comenzar a hacer un frente social común.

afvega@eleconomista.com.mx