Después de muchos años de negociaciones, unos 130 países finalmente acordaron cambios radicales en los impuestos corporativos que, según la OCDE, generarán alrededor de 165,000 millones de dólares en ingresos fiscales cada año.

A diferencia de los ingresos laborales, que tienden a ser estáticos, los beneficios empresariales pueden ser muy móviles. Los objetivos del acuerdo son grandes empresas multinacionales y tecnológicas que han jugado un juego efectivo de arbitraje transfiriendo ganancias fuera de los países donde tienen su sede o donde venden a países con impuestos bajos.

Durante más de veinte años, a medida que la economía mundial se globalizaba y las empresas se digitalizaban, los gobiernos han estado persiguiendo esas ganancias corporativas compitiendo entre sí y ofreciendo una variedad de incentivos fiscales con la esperanza de que estas ganancias no escapen a otros países. Irónicamente, la búsqueda de mantener los ingresos de los impuestos corporativos ha llevado a una “carrera a cero” en las tasas de impuestos corporativos y a una erosión gradual de la tasa impositiva efectiva.

La tendencia de los tipos impositivos fue claramente a la baja. El acuerdo fiscal no solo ayudará a detener esta tendencia, sino que también ayudará a evitar que estalle una naciente guerra fiscal digital. Muchos países, incluyendo México, buscan imponer un impuesto digital dirigido a grandes empresas estadounidenses como Facebook, Amazon y Google. Estados Unidos ha amenazado con tomar represalias contra tales impuestos.

En términos generales, el acuerdo tiene dos pilares. El primero es un impuesto corporativo mínimo de 15% que fue acordado por 132 de 139 países. Este nuevo mecanismo está dirigido a los paraísos fiscales, que suelen ser países pequeños con tasas impositivas corporativas muy bajas. Según el nuevo acuerdo, países como los Estados Unidos, que albergan grandes multinacionales podrán completar el impuesto de sociedades independientemente del lugar donde opere la empresa.

La capacidad del país anfitrión de completar la factura del impuesto de sociedades a 15% ayudará a eliminar el incentivo de transferir beneficios a los paraísos fiscales. Según la OCDE, esta nueva iniciativa recaudará 150,000 millones dólares cada año.

El segundo pilar está dirigido específicamente a empresas digitales con un volumen de ventas superior a los 20,000 millones de dólares. Estas empresas deberán pagar impuestos sobre el 20-30% de sus beneficios por encima del margen de 10% a los países donde venden sus servicios. La OCDE estima que este pilar ayudará a recaudar de 10,000 a 15,000 millones dólares en impuestos.

El acuerdo no es perfecto y aún queda un largo camino por recorrer antes de que se ponga en marcha el nuevo régimen. Para empezar, países con impuestos bajos como Irlanda y Hungría no han aceptado la nueva iniciativa. Existen numerosas exenciones para sectores como el transporte marítimo y las finanzas y aún quedan por aclarar muchos detalles. También está la cuestión de la promulgación de leyes en cada país participante. Un impuesto corporativo del 15% todavía está muy por debajo de la tasa promedio que un ciudadano paga en impuesto al ingreso.

A pesar de estas preocupaciones y retrasos, el acuerdo facilitará que algunos países reviertan la “carrera hacia cero” en las tasas de impuestos corporativos. Sin embargo, las ganancias siguen siendo móviles y fungibles y la política deberá seguir adaptándose y evolucionando en respuesta a la estructura cambiante de la economía.

En México, de acuerdo al SAT, con las deducciones indebidas, planeaciones fiscales e interpretaciones legales agresivas las contribuciones de grandes empresas se reducen a una tasa efectiva de menos de 2 por ciento. Las auditorías para identificar la evasión y elusión fiscal deben de intensificarse.

La pandemia ha servido para recordarnos la necesidad de un sector de la salud sólido y bien financiado, pero lo mismo puede decirse de otros bienes públicos como la educación, la seguridad, la resiliencia climática todo lo cual requerirá recursos públicos adicionales.

lucia.buenrostro@gmail.com

Lucía Buenrostro

Actuaria por la UNAM

Columna invitada

Lucía Buenrostro es Maestra en Economía por El Colegio de México y Maestra en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha desempeñado labores de docencia e investigación en la UNAM, en la Universidad de Warwick y en la Universidad de Oxford.

Cuenta con una amplia y sólida trayectoria en el sistema financiero internacional donde laboró por casi 15 años en Londres como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión.

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