Pese a que es el gabinete con más mujeres en cantidad y quizá en calidad en la historia de México, la 4T no tiene interlocución con las mujeres mexicanas; la ideología y el fanatismo empaña a las voces del gabinete “más feminista” de México.

Las mujeres del llamado gabinete paritario se preocupan más por defender el proyecto de Andrés Manuel López Obrador que las causas de las mujeres; a estas alturas resulta obvio que el proyecto de AMLO y el feminismo de a de veras no está contemplado. Las mujeres del martillo y del grafiti le son incómodas. Don Andrés prefiere a las feministas de escritorio, las que callan ante los recortes presupuestales a programas contra la violencia o las alertas de género; las otras, las que gritan y exigen en la calle son violentas. Al Presidente le gustan las feministas de clóset. 

Hay que decirlo fuerte claro: un Presidente que cree que las mujeres son manipuladas por “intereses conservadores”; que afirma que las víctimas de feminicidio son “difamadoras”; que el paro nacional contra estos crímenes y la violencia de género es un boicot contra la venta de boletos de una rifa fraudulenta; que considera que el papel de la mujer mexicana es quedarse en casa y cuidar de los adultos mayores en la familia; que la mayor virtud femenina es la sumisión y su mejor habilidad profesional es la económica, según como haga rendir el gasto familiar, es un Presidente sin lugar a duda, misógino y machista. Y desde ese púlpito, otros gobernantes emanados de Morena, partido del Presidente, replican esa misoginia y machismo para evadir su responsabilidad administrativa. Ya lo dijo Miguel Barbosa en días recientes, “las mujeres no desaparecen, se van con sus novios.”

El 8 de marzo de este año Irma Sandoval declaró que en la SFP “no querían tortilleras”; Luisa Alcalde no objetó en ningún momento la desaparición del programa de Estancias Infantiles con que se proporcionaba a las mujeres red de apoyo para acceder al mercado laboral en condiciones más equitativas; Tatiana Clouthier, como diputada, jamás ha refutado un solo posicionamiento misógino del presidente; Olga Sánchez guardó silencio cuando López afirmó sin ofrecer pruebas que el incremento en las llamadas de auxilio de mujeres por hechos de violencia durante la cuarentena era falso en un 90% de ellas; de la violenta poblana Nay Salvatori, integrante de la Comisión para la Equidad y Género en el Congreso (la ironía que es ofensa), ni hablemos.

Para la 4T, el feminismo callejero es violento. La paridad, la protección a la mujer y el respeto a los derechos humanos es un truco cruel de la más vil retórica. Sin las mujeres no hay futuro; o las subes o las subes, estimado AMLO. ¿Desde cuándo se le puede decir no a todas las mujeres del mundo?