Irán pasó de la retórica a la acción al lanzar 12 misiles contra dos bases militares iraquíes usadas por EU, una de ellas Al Asad, ubicada en el oeste del país.

Los ataques de hace algunas horas no forman parte de una estrategia letal que estaría preparando Irán, se trataron de una rápida reacción a manera de tarjeta de presentación.

De igual manera, la ofensiva no tomó por sorpresa al ejército estadounidense ya que ocurre cuatro días después del asesinato del general Qasem Soleimani. El ejército estadounidense tuvo el tiempo suficiente para extremar medidas de protección de sus tropas y equipo militar.

Sin embargo, la respuesta iraní representa el tamaño de la herida que dejó en el ayatola Ali Jamenei, la muerte de Soleimani, su máximo hombre de confianza.

En el terreno político es la primera manifestación bélica y frontal en contra de Estados Unidos de parte de Irán desde el retiro de Donald Trump del acuerdo nuclear firmado por los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas más Alemania.

Regresando al terreno religioso, Soleimani representaba un símbolo antes de una poderosa figura burocrática de la Fuerza Al Quds. Su vinculación con el ayatola Jamenei lo hizo mutar hacia un terreno espiritual en el que se expiden fetuas en lugar de decretos constitucionales.

La estrategia bélica iraní sobre el campo de batalla trata de compensar las asimetrías que presentan su ejército y su armamento frente a los de Estados Unidos.

Las fuerzas armadas de Irán cuentan con 500,000 efectivos (350,000 pertenecen al ejército y 125,000 a los Guardianes de la Revolución, la fuerza más poderosa que fue articulada por Soleimani).

En la atmósfera espiritual dominada por los símbolos, como la iraní, la respuesta letal en contra de Estados Unidos vendría bajo una estrategia creada por el propio Soleimani: los ataques a través de milicias. Lo hizo a través de Hezbolá en el Líbano; la Fuerzas de Liberación Popular en Irak; los paramilitares en Siria, y los hutíes en Yemen.

En responsabilidades y poder, Soleimani era bicefálico; actuaba como diplomático entre los tejidos profundos de las fuerzas paramilitares, pero también era un mariscal sobre el campo de batalla.

Irán se ha adaptado a la época, y para continuar reduciendo la asimetría militar con Estados Unidos, Arabia Saudita e Israel, ha optado por los ciberataques y el uso de drones. Con estos robots atacó instalaciones petroleras de Arabia Saudita desde Yemen a través de los huties.

El odio en Medio Oriente en contra de Estados Unidos se ha instalado y permanecerá durante muchos años. Irán vive una profunda crisis económica detonada por la salida de Estados Unidos del acuerdo nuclear. Trump llegó a la Casa Blanca para desmantelar la política exterior que le heredó Barack Obama. Es Israel, el principal vuelco en cuanto a la estrategia geopolítica. Trump trata de agradar al segmento judío para lograr su reelección.

Francia y Alemania han sido forzados por Trump para distanciarse de Irán. Macron y Merkel están enojados y tratan de salvar el acuerdo. Desde la semana pasada, Irán lo da por muerto.

La Unión Europea con Josep Borrell al frente de su política exterior tiene frente a él el enorme dilema sobre el tablero iraní.

Pocos le niegan el apoyo a Trump pero son muchos líderes que lo piensan. ¿Hasta dónde llegará el apoyo de Europa a Trump?

Lo que es cierto es que Trump ha entrado a la espiral electoral donde el mínimo error se magnifica porque no tendría tiempo para revertirlo.

Medio Oriente podría ser la tumba electoral de Trump si escala la crisis con Irán. Su yerno, Jared Kushner, recibió la misión de mediar entre palestinos e israelíes. Parecía broma, fue una trampa. Trump se entregó a Netanyahu.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.