Ahora que hemos entendido la diferencia entre invertir y especular, es importante entender que la especulación en sí no es mala. Por el contrario: es parte esencial de los mercados financieros. Les da profundidad, un volumen de operación sano y además en ocasiones abre oportunidades únicas para los que invierten.

Pensemos en una empresa que tiene una operación sana, que es rentable, pero tiene una crisis de liquidez por un mal manejo de su tesorería. Como resultado, no puede hacerle frente al próximo vencimiento de sus bonos y se declara en Concurso Mercantil, para buscar una salida ordenada a ese problema. 

Cuando esta situación trasciende y se empieza a conocer en el mercado, muchísimas personas se deshacen de las acciones de esta empresa, simplemente porque no saben lo que va a pasar. No quieren correr el riesgo. Eso hace que el precio empiece a bajar, lo cual a su vez genera una reacción en cadena. Se detonan ciertas órdenes “stop loss” que algunos traders tenían para proteger su riesgo y su precio cae demasiado. 

A veces, la caída genera enormes oportunidades. Recuerdo el caso de una cadena comercial, cuyo valor en el mercado cayó tanto que equivalía a lo que esta cadena factura en dos días a través de sus tiendas. Los inversionistas que supieron reconocer esto compraron cuando los demás, los especuladores, estaban vendiendo. Hicieron mucho dinero, porque fueron capaces de reconocer esa situación. 

¿Por qué especular es parecido a apostar?

Especular equivale a actuar con base en expectativas (que pueden ser o no fundadas). Muchas veces es actuar con base en rumores (que pueden resultar o no ciertos). Por lo que nuestra posibilidad de ganancia, o de pérdida, está en función de qué tan acertadas resultaron esas expectativas o qué tan ciertos fueron esos rumores.

Especular también implica actuar, en ocasiones, con base en nuestras emociones que pueden ser miedo, o simplemente una corazonada, pero sin ningún razonamiento. 

Por todo eso, especular muy similar a apostar. ¿Se vale hacerlo? Sin duda, pero con una pequeña parte de nuestro patrimonio. Con dinero que, si perdemos, no pone en riesgo nuestra estabilidad y futuro financiero. Lo que no se vale hacer, es apostar el patrimonio que tanto trabajo nos cuesta construir. ¿Qué pasa si la apuesta nos sale mal?

Lamentablemente, esto es lo que la mayoría de la gente hace con su dinero. Toman decisiones basadas en el miedo, en rumores o en lo que escucharon en la radio. Por eso me preguntan tanto: ¿es buen momento de comprar dólares, o de entrar a la bolsa? ¿crees que todavía vale la pena invertir en bitcoin?

Cuando toma sus decisiones de inversión con base en esto, en expectativas o en lo que escucha que “está pasando”, por lo general toma decisiones que los dañan. Compran los dólares cuando ya subieron y no cuando están baratos. Venden sus acciones cuando ya han bajado mucho, porque escucharon que las expectativas de corto plazo no son buenas, aún cuando su horizonte de inversión es de largo plazo. 

Invertir, como hemos dicho, es un proceso disciplinado que está centrado en alcanzar nuestras metas. Implica definir un portafolio que esté acorde con nuestro horizonte de inversión y tolerancia al riesgo. Se trata, precisamente, de controlar el riesgo y de tener una alta posibilidad de lograr nuestros objetivos.

¿Cómo tomas tus decisiones de inversión? ¿Estás invirtiendo, o estás apostando tu patrimonio?

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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