Uno de los aspectos que distinguen al ser humano del resto de los seres vivos, es nuestra capacidad de pensar y razonar.

En este sentido, tenemos una dualidad: somos racionales pero también pasionales. Tenemos instintos y sentimos emociones, que en ocasiones son muy intensas y que a veces nublan nuestro juicio. Eso nos hace tomar decisiones equivocadas e impulsivas. 

Pero también nuestro elemento racional puede jugarnos en contra. Nuestra mente nos permite racionalizar nuestros errores para intentar justificarlos. Podemos entonces pensar que estamos bien, cuando en realidad ocurre todo lo contrario: nos estamos engañando a nosotros mismos.

Esta mezcla es sumamente interesante. Por eso vemos que muchas teorías o acciones de gobierno funcionan bien en un lugar, pero no en otro. Porque actuamos y reaccionamos a ellas de formas muy distintas, según nuestra cultura y la forma como pensamos.

Cuando se trata de invertir, muchas personas piensan que su principal enemigo es el riesgo. Están equivocados. A veces el principal enemigo somos nosotros mismos y la actitud que tomamos ante él. Nuestras ambiciones y nuestros miedos.

Hay muchos ejemplos de esto. Hoy en día, por ejemplo, mucha gente está hablando del bitcoin y otras criptomonedas. La razón: ha subido mucho. Nadie lo voltea a ver cuando está barato (y por lo mismo sería un momento ideal para invertir). Todos hablan de él cuando está caro y cuando otros ya han tenido grandes rendimientos. Eso nos hace, muchas veces, invertir en el peor momento y además sin conocer los riesgos. Nosotros también queremos ganar: la ambición nos empieza a controlar.

¿Qué pasa cuando los mercados bajan? Justo lo contrario. Nos empieza a dominar el miedo y eso hace que la gente se deshaga de sus inversiones justo en el peor momento, cuando ya han perdido muchísimo y no quieren perder más.

Lo curioso es que esa misma gente regresa después, cuando las aguas están más tranquilas, para invertir nuevamente a precios muchísimo más altos.

Alguna vez he contado esta anécdota de Lee Munson, asesor financiero en Albuquerque, pero lo haré de nuevo porque lo ilustra muy bien.

Munson cuenta que uno de sus clientes vendió sus acciones dos días antes de que el índice S&P 500 tocara su mínimo en 2009. Lo llamó desesperado, diciéndole que Obama estaba arruinando al país, que venían tiempos terribles y que no quería tener acciones en su portafolio.

Sin embargo, después de que los republicanos tomaron el control del Congreso en las elecciones intermedias de 2010, cuando dicho índice había subido ya 75% desde su mínimo en 2009, ese cliente volvió al mercado.

Es decir: vendió muy barato, y regresó cuando el mercado estaba caro.

Eso se llama la “psicología de las masas” y es sin duda muy interesante leer al respecto. Por eso mismo siempre he insistido en este espacio que para invertir, es muy importante que tener claro nuestro objetivo y horizonte de inversión, así como nuestra tolerancia al riesgo. Y que sea de muy bajo costo.

Los patrimonios por lo general se forman cuando invertimos poco a poco, cada mes, parte del dinero que ganamos en este portafolio diseñado para nosotros, independientemente de si el mercado está barato o está caro. Así dejamos las emociones de lado y nos enfocamos en nuestras metas.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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