Durante los últimos cinco años se ha visto un “boom” en los servicios y productos financieros en México que han ido evolucionando de manera vertiginosa, desde una cuenta de débito de la banca tradicional, las nuevas fintech que incursionan en el mercado, hasta los nuevos vehículos de inversión y ahorro elaborados para clientes con un perfil de conocimiento básico.

Conforme a lo publicado por el Gobierno de México en 2020, la inclusión financiera se define como la accesibilidad y uso de servicios financieros formales bajo la adecuada regulación que garantice los esquemas de protección al consumidor, promoviendo la educación financiera para mejorar la capacidad financiera de todos los segmentos de la población.

En México, se puede observar que el sector privado y el gobierno han trabajado en conjunto para dar oportunidad de igualdad a todos los ciudadanos logrando tener un crecimiento acelerado de la bancarización durante los años 2019 y 2020. La pandemia que frenó en un inicio la movilidad física, sin duda, fue el detonante clave para que los servicios bancarios pudieran llegar de manera más directa y sencilla a las personas. Prueba de ello, ha sido el avance en las aplicaciones bancarias, las cuales en su mayoría han mejorado la experiencia del cliente para poder hacer todo desde su celular o computadora, desde algo sencillo como una transferencia entre bancos, iniciar su ahorro a través de instrumentos de bajo riesgo, hasta arrancar su proyecto como inversionista con los servicios de una casa de bolsa u operadora de fondos de inversión.

Para que más personas puedan tener acceso a los servicios financieros es importante que las instituciones del sector y reguladores se centren en los siguientes puntos:

Acceso para todos. Las empresas fintech reguladas y las instituciones financieras deberán continuar creando alternativas para llegar a todos de un modo sencillo y eficaz. Anteriormente la mayor barrera era física al no poder llegar a toda la población por medio de sucursales, hoy el mayor reto es llegar a aquella población que no tiene acceso a un smartphone o desconfía de los servicios en línea.

Regulación. Es vital que todos los participantes en el sector se apeguen a las normas impuestas por las entidades reguladoras para dar credibilidad y certeza a los usuarios físicos y digitales, principalmente transparencia, entendimiento de costos, gastos y obligaciones por ambas partes.

Educación financiera. Es importante que una vez que las personas accedan a los servicios financieros, se refuercen las bondades que significan tener al alcance estos productos y servicios, asesorarlos para que los utilicen de manera responsable y sean aprovechados en favor de sus finanzas personales.

Romper barreras, ser más disruptivos. Además de las barreras físicas o tecnológicas, existen las creencias generacionales las cuales desaceleran el avance de la inclusión. Una misión será tener el ingenio para mitigar, en la medida de lo posible, el uso de efectivo e incentivar el uso de la banca digital.

Anaquel de productos y servicios. El sector financiero deberá continuar creando productos y servicios bancarios, así como de inversión, que vayan de acuerdo a las necesidades de sus clientes para coadyuvar al bienestar económico de las familias.

El sector bancario del país, a través de este conjunto de esfuerzos, podrá llegar a aquellos estados donde se han quedado rezagados en el tema de inclusión financiera e incentivar a la población que ya cuenta con algún servicio financiero a que haga un mayor uso de ellos. 

Por ahora y en lo que resta del año, las circunstancias actuales de salud siguen marcando la pauta para que tanto la banca tradicional y las fintech continúen trabajando a favor de la bancarización en México. Sin duda, será interesante seguir sus estrategias ya que es una tarea y un compromiso de todo el sector ofrecer más y mejores herramientas financieras a la población y con ello, impulsar el crecimiento económico del país.

miguelangel.paez@bbva.com