La carretera que conecta San Cristóbal de Las Casas con Comitán de Domínguez, en el estado de Chiapas, llevaba, al momento de escribir esta columna, seis días bloqueada a la altura del pueblo de Mitzitón, punto donde un grupo de personas decidió cerrarla en medio de un pleito entre evangélicos pertenecientes al Ejército de Dios y miembros de la comunidad zapatista.

Como casi todos los conflictos en aquella entidad, las razones son varias y complejas. No pretendo aquí explicarlas ni juzgarlas. No es mi papel y la política chiapaneca no es cosa de amateurs como para andar soltando opiniones al aire. Lo que me interesa en todo caso es echar un poco de luz a la trágica respuesta del Estado mexicano frente a lo que ahí sucede.

Vamos por partes. La carretera bloqueda es una carretera federal que pertenece, para ser precisos, al sistema carretero Panamericano. Un ciudadano común supondría que frente al bloqueo total de una vía de comunicación tan importante, el gobierno central tendría algo que decir, ¿cierto? Uno pensaría que después de algunos días de suscitarse esta situación habría una respuesta, ya sea de presión o presencia, para restablecer el derecho al libre tránsito por una carretera federal, ¿cierto? Pues la respuesta es: Si uno supone eso, supone mal .

Frente a su total incapacidad para resolver cualquier tipo de asunto en Chiapas el gobierno federal simplemente claudica. Se va, se borra del escenario. Eso fue lo que sucedió con Vicente Fox, después de que se dio cuenta que iba a necesitar un poco más que 15 minutos para resolver el asunto de Chiapas .

La historia con la presidencia de Felipe Calderón es similar (aunque con un énfasis aún más trágico): llegan los programas sociales como si nada sucediera pero de resolver lo de Chiapas ya ni se habla.

Ignorar como medio para no levantar más polvo. Ignorar para no meterse en un laberinto que desde el Distrito Federal parece inexpugnable y que ha probado ser demasiado para todos y cada uno de los gobiernos federales desde 1994. Ignorar porque con una batalla tienen, y el presidente Felipe Calderón escogió que el objetivo fuera el crimen organizado.

Entonces tenemos una carretera federal tomada a menos de cinco minutos del cuartel de la Zona Militar –en donde todo transcurre como si nada sucediera unos kilómetros más adelante.

Tenemos una solitaria patrulla de la Federal de Caminos estacionada a la orilla de la carretera, cuyos oficiales lo único que atinan a decir es que no creen que los inconformes abran la carretera. Para como está la cosa por ahí del martes o miércoles, pero quién sabe , dicen. Quién sabe … y ahí acaba todo.

La respuesta a nivel estatal es igual de sorprendente e irresponsable. En las noticias locales ni una sola palabra. Como si nada sucediera. Aplausos, sí, y porras para el Gobernador, para los logros de su administración y para el Chiapas bonito , el que no incomoda.

Y a falta de información transparente y confiable se desatan los rumores: que si el Gobernador piensa expropiar las tierras de los campesinos para hacer una reserva natural, que si son problemas entre evangélicos y zapatistas, que si la verdad es que se pelean por el control del tráfico de migrantes y la tala ilegal de árboles. Pero desde el Estado nada. Silencio y negligencia. ¿Cuánto ruido más se tendrá que hacer para que ignorar el escándalo deje de ser posible? Es pregunta.

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