Nadie tiene certeza sobre la incertidumbre, por definición, la imposibilidad de describir exactamente los eventos futuros; sin embargo, se tiene una mejor idea sobre la cantidad de riesgo. Hoy se perciben signos de estabilización en la economía mundial. Es notable el número de eventos malos que no se han materializado. No hace mucho se advertía del inicio de una nueva crisis financiera con epicentro en la eurozona, el colapso del euro como moneda, el fracaso de la economía china, y nueva recesión en EU provocada por el fiscal cliff. La eurozona sigue de pie; contra toda expectativa, el euro ha repuntado frente al dólar, las tasas de interés soberanas de Italia y España han caído significativamente, en China se ha transferido ordenadamente el poder político a una nueva generación de dirigentes más liberales y mejor preparados técnicamente, la economía ha logrado un aterrizaje suave después de décadas de crecimiento acelerado. El riesgo de una recesión estadounidense se ha reducido con la solución parcial del fiscal cliff a principios de año. Incluso en Japón se percibe un mayor optimismo.

Este cambio de percepción coincide con la declaración en julio del año pasado de Mario Draghi en Londres, en que anticipó que el BCE lanzaría un programa de apoyo financiero ilimitado a las economías periféricas que acordaran con las autoridades políticas de la zona un paquete de políticas macroeconómicas y de cambio estructural sólidos.

Hasta ahora no se ha empleado este programa, sólo su anuncio ha estabilizado los mercados. Draghi, como buen alumno de Sun Tzu, ha obtenido una victoria sin combatir. Aunque todavía en recesión, están apareciendo los primeros signos de una recuperación: el índice PMI del sector manufacturero que lideró la recesión ha cambiado de dirección y ahora apunta hacia crecimiento positivo en el segundo semestre. La semana pasada, Draghi reconoció estos avances y advirtió sobre el riesgo negativo de la reciente fortaleza del euro. Alemania quizá soporte un euro fuerte, pero no es el caso de las economías de la periferia, que requieren de un euro más competitivo. Draghi insinuó que el BCE buscará debilitarlo próximamente mediante una política monetaria más expansiva. El conservador gobernador del Bundesbank, Jens Weidmann, se opuso inmediatamente.

Según él, el euro no está sobrevaluado, y una política monetaria más expansiva sólo producirá más inflación en Alemania y otras economías que funcionan a casi pleno empleo, pero no en las economías periféricas, donde la tasa de desempleo es muy alta como en España e Italia. Pienso que esto es precisamente lo que necesita la eurozona para acelerar la recuperación. Un euro más competitivo aumentará la demanda de exportaciones para la zona, una mayor inflación en el norte que en el sur permitirá a estos países recuperar la competitividad que perdieron en los años de burbuja de crédito frente a sus socios del norte. El costo sería quizá varios años de inflación promedio ligeramente superior a la meta del BCE, de 2 por ciento. Aceptar un euro fuerte en medio de las actuales condiciones macroeconómicas pondrá en riesgo la recuperación y podría regresar a la eurozona a la inestabilidad. Espero que Draghi de nuevo le gane la apuesta a Weidmann.

En EU el llamado sequestration es el principal riesgo a la recuperación. Sin acuerdo político este 1 de marzo comenzarán los recortes automáticos al gasto público discrecional. Éstos, junto al incremento de impuesto que supuso la solución adoptada al fiscal cliff, son un choque fiscal negativo que crea un riesgo negativo innecesario a la recuperación.

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