El sábado 7 de noviembre por la mañana, las principales cadenas de TV en EU –CNN, NBC, CBS e incluso la conservadora Fox News– anunciaron el triunfo de Joe Biden, el candidato del Partido Demócrata, en las elecciones presidenciales de EU. Después de cuatro días de cómputos en los “campos de batalla” de la contienda (Arizona, Georgia, Pennsylvania y Wisconsin), las rutas para la reelección del presidente Donald Trump se terminaron de cerrar por completo.

El actual inquilino de la Casa Blanca, quien aún se niega a admitir su derrota, tendría que darle la vuelta a la elección no sólo en Pennsylvania, sino en los otros tres estados donde disputa los resultados. Asimismo estaría obligado a remontar distancias de decenas de miles de votos en cada caso para conseguir su propósito. Salvo el propio Trump y sus seguidores, los analistas y expertos descartan esta opción por improbable, una especie de milagro electoral de último momento.

Por ello, los líderes políticos de las naciones aliadas de EU enviaron sus felicitaciones a Joe Biden durante el fin de semana. Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido fue de los primeros en dar la enhorabuena al presidente electo de EU. El premier canadiense, Justin Trudeau, también lo hizo el mismo sábado. Incluso el primer ministro de Israel, Benjamin Nentayahu, un líder cercano a Trump, encontró una solución al dilema diplomático en que se encontraba: felicitó a Biden y agradeció a Trump el apoyo a su país.

Sin embargo, el presidente López Obrador se negó a reconocer el triunfo de Joe Biden. En una conferencia de prensa improvisada dijo “no quiero felicitar a ningún candidato, quiero esperar a que termine el proceso electoral”. Congratular a Biden sería una imprudencia. “Nosotros también fuimos víctimas de las cargadas. Todavía no se terminaban de contar los votos y ya algunos gobiernos extranjeros estaban reconociendo a los que se declaraban ganadores”, aclaró.

Estas palabras van dirigidas a una audiencia interna, ante la cual López Obrador gusta de volver a litigar la elección presidencial que perdió en 2006. Al igual que Trump está convencido que se la robaron, aunque no puede demostrarlo con pruebas. Pero inevitablemente sus declaraciones resuenan fuera de México y, ante una audiencia internacional, son un mal ejercicio de diplomacia

Desde luego, está la ofensa implícita de llamar imprudentes a mandatarios de países importantes para México como Canadá, Alemania, España, Reino Unido, Francia y Japón que han felicitado a Biden. Pero lo más preocupante es la forma que los líderes del partido Demócrata de EU, incluyendo al propio Joe Biden, puedan interpretar las palabras de López Obrador.

El presidente mexicano piensa que al abstenerse de felicitar a Biden honra el principio de no intervención. En los hechos, sin embargo, está poniendo en duda los resultados de la anunciada por las autoridades electorales locales. Y lo hace justo en momentos en que el presidente Trump acusa al Partido Demócrata de orquestar un gran fraude para robarle la elección.

El presidente López Obrador se equivoca al pensar que se puede hacer política exterior sin correr riesgos. Esperar hasta la reunión del Colegio Electoral, el 14 de diciembre, parecería una opción segura, pero no lo es. No sólo puede ser poco tarde para iniciar el acercamiento con el equipo de transición del presidente electo, sino también suscitar sospechas y desconfianza.

Por ello era asumir un riesgo razonable y, tal como lo hicieron otros países que buscan cercanía con EU, felicitar oportunamente a Biden. En cambio, ahora México enfrenta el prospecto de quedar relegado en su relación estratégica más importante.

*Profesor del CIDE.

Benito Nacif

Profesor

Voto particular

El Dr. Benito Nacif es profesor de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Fue Consejero Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE) del 2014 al 2020 y del Instituto Federal Electoral (IFE) del 2008 al 2014.

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