Con el fenómeno del modelo internacional de Netflix, el rey del streaming, ha comisionado a productoras televisivas de todo el planeta generar contenidos originales para su plataforma. Uno de los géneros más populares del mundo es el género policial, lo que provoca situaciones curiosas.

Conforme los nuevos programas son estrenados, los espectadores podemos elegir, por ejemplo, historias de asesinos seriales en cualquier idioma o paradigma cultural. Los hay polacos, turcos, españoles, alemanes, islandeses, de Finlandia, Dinamarca, Italia, Brasil y Argentina.

Algunas son inquietantes, otras ridículas. Algunas son realmente producciones originales de Netflix (o sea, que la televisora estuvo involucrada con empresas locales desde el principio en su desarrollo, financiamiento, producción, posproducción y distribución), mientras que para otras compró los derechos de productos realizados localmente. Ambas ostentan el sello Netflix Original, lo que puede confundir a alguno que le atribuya valor intrínseco al sello.

Lo cierto es que no todas tienen el mismo nivel de calidad ni pretenden despertar el mismo interés internacional. Algunas suenan mucho, otras engordan el catálogo.

Hay más producciones que títulos. Lo que lleva a que la original de Bélgica y Holanda, Undercover, comparta nombre en inglés con la colombiana Undercover: Law, la comedia estadounidense Undercover Grandpa, y una docena de otras.

La Undercover belga sumó en español el subtítulo Operación Éxtasis, porque cuenta la historia de un operativo de la policía de Bélgica para atrapar a uno de los mayores capos de la producción mundial de la droga sintética MDMA, que se conoce en el mundo como X, E, E-bomb, Egg Rolls, Molly, Skittles, etcétera; y principalmente como éxtasis.

La serie inicia con un montaje de paisajes casi idílicos de la provincia de Limburg (frontera holandesa con Bélgica), sólo para decirnos que esos campos llenos de flores son “la Colombia de las drogas sintéticas”, donde se producen 500 millones de tabletas que se distribuyen por todo el mundo. Undercover es también distribuida por Netflix en todo el mundo (excepto en Alemania, Bélgica, Francia, Austria y Suiza, donde tienen preferencia las televisoras locales).

Undercover es también una de las dos enviadas por Netflix al Canneseries (un festival internacional de series televisivas que se celebró por segunda ocasión el pasado abril). No ganó premios, aun así generó atención por ser una de las series europeas más ambiciosas del 2018, involucrando a media docena de compañías productoras en tres países.

En la serie, dos agentes de la policía federal belga, Bob Lemmens (Tom Waes) y Kim De Rooij (Anna Drijver), se hacen pasar por una pareja de novios en un campamento veraniego donde vive el mayor traficante de éxtasis, Ferry Bauman (Frank Lammers, lo más cercano a una estrella de TV en Bélgica).

En 10 episodios, los agentes deberán infiltrar la organización criminal, poner en riesgo sus vidas, identidades y obtener evidencias en el más completo secreto, pues los traficantes tienen comprados a algunos de sus colegas.

La premisa es buena, los actores, estupendos (especialmente Lammers). La aridez de una investigación policial encubierta real fue uno de los retos del equipo de guionistas, que se asesoraron por un policía experto en ese tipo de situaciones. Una serie de TV necesita que el suspenso se detone desde el inicio, para ello nos presenta una organización criminal que parece una versión pueblerina europea de Los Soprano. Aunque por momentos, su operación se parezca más a la de Walter White en Breaking Bad: su línea de producción son dos chinos encadenados en una cochera, mezclando químicos.

Sin embargo, el desarrollo tiene sus méritos y envuelve al espectador su lógica narrativa, las complicaciones de la vida familiar: la del policía Bob, la de la familia criminal y la de la familia incipiente mal simulada de Bob y Kim. La dirección es eficaz, el ritmo también, y el audio, una pesadilla para la traducción (parte en flamenco, parte en holandés, parte en francés, parte en alemán, polaco, español y chino).

El mayor problema de estas sagas criminales radica precisamente en que existen Los Sopranos y The Wire; y una docena de historias seductoras e inquietantes de policías encubiertos en organizaciones criminales en el cine estadounidense y asiático.

No importa demasiado que esté basada en sucesos reales, la narrativa de este tipo de historias no la determina la realidad, sino las series icónicas del género que las precedieron. Y sólo estas dos de HBO tuvieron cinco temporadas o más para desarrollar a sus antihéroes, establecer sus conflictos y tensiones internas, y 10 episodios llenos de acción y sorpresas no se dan el tiempo (ni tienen a David Simon y su docena de escritores), por lo que recurren a personajes prefabricados vueltos clichés caminantes.

Que no se malentienda, Undercover es un producto entretenido y decentemente bien hecho, que nos atrapará por unos días hasta que lo terminemos y sin que nos haya quedado ningún vínculo emocional, intelectual o estético con su historia o personajes, volvamos a pasear por el menú de estrenos para darle click al siguiente.

@rgarciamainou

RicardoGarcía Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).