El barco europeo era majestuoso, abordo, todo lujo. Los pasajeros viajaban felices porque la sensación de poder del buque a toda velocidad les daba certeza de que eran llevados a buen puerto.

Pero resulta que el enorme crucero navegaba prácticamente a ciegas las turbulentas aguas financieras, ésas que están repletas de tiburones en los mercados esperando cualquier descuido para lanzar una mordida.

Los capitanes del barco europeo estaban totalmente confiados en que un acorazado de esa dimensión no corría ningún riesgo y que tanto la sección cinco estrellas de los alemanes, como los camarotes más modestos de los griegos formaban un buque indestructible.

Los controles de velocidad de endeudamiento habían sido rebasados, los niveles de flotación fiscal estaban alterados. Y con la nave fuera de curso nadie supo cómo llegó el primer impacto.

Cuando en la sección griega el barco empezó a hacer agua, todos se sorprendieron de la realidad de que el monolito europeo pudiera sufrir algo así. Sin embargo, como en el Titanic, la música siguió y los arquitectos aseguraron que el daño no era tan importante como para comprometer todo el cuerpo.

Ya con el área griega inundada de problemas para pagar su abultada deuda, el agua empezó a salir, y a chorros, al otro lado del navío, por los camarotes irlandeses, después el agua salía por la cocina portuguesa.

Cuando la alarma se escuchó en todo el barco, la inundación ya había avanzado de forma tan importante que había que llamar al capitán.

Pero con la novedad de que el responsable italiano del barco, un tal Berlusconi, cenaba con una bella mujer y nadie lo vio capitaneando el buque.

Buscaron al capitán griego Papandreou para que girara el timón rápidamente y evitara el impacto contra las rocas, pero el capitán helénico no podía hacer lo necesario si antes no organizaba una consulta entre los pasajeros del barco.

El capitán español reñía con los otros españoles del cuarto de máquinas, mientras que en el salón VIP los franceses y los alemanes jugaban unas vencidas.

Y los ingleses, bueno, esos veían el barco europeo zozobrar desde otro navío.

Es muy pronto para decir si el barco del euro va a naufragar o si es posible que con un remolque del Fondo Monetario Internacional o del mismo Banco Central Europeo podrá llegar al astillero donde tienen que reforzar el casco con políticas estrictas.

Pero lo que realmente le falta al barco europeo es un capitán. Los que tenía, o se aventaron al agua o de plano se desentendieron de cumplir con las reglas, que son indispensables para capitanear un barco de tan gran envergadura.

Cuando construyeron el barco de la moneda única, los planos incluían acero reforzado con estrictos controles presupuestales y de límites de deuda que no se podían sobrepasar por el riesgo de hundimiento.

Pero cuando botaron el barco y se dieron cuenta de que la nave podía tomar velocidad con un poco de combustible ilegal de deuda, no dudaron en hacerlo.

Europa necesita nuevas reglas, nuevos acuerdos entre todos los que quieren llevar tal navío al mar del éxito económico.

La primera piedra

Recuerdo el día en que Kodak presentó en México la tecnología Advantix, un sistema análogo de fotografía en momentos en que japoneses y coreanos ya lanzaban al mercado los modelos de imágenes digitales.

Esta empresa iba un paso atrás en la fotografía para el gran consumidor, pero confiaban en que el líder en esa industria sería imbatible.

Hoy que Eastman Kodak se acoge al capítulo 11 de la ley de quiebras por problemas de liquidez, debe aprender de sus lecciones. Pero también tiene que aprender de los casos de éxito.

General Motors (GM), por ejemplo, insistía en los meses previos a la crisis con sus Hummers, pero tras su reorganización con la ley de bancarrotas, hoy es la empresa automotriz que más autos vende en el mundo, es una empresa ganadora.

GM entendió el mercado, se modernizó en su tecnología, en sus finanzas y vuelven a ocupar el liderazgo.

Así que los señores de las fotografías pueden entender que tocar fondo con el capítulo 11 puede ser la oportunidad de resurgir en un camino más adecuado a las condiciones del mercado actual.