La llegada de nuevas tecnologías, la globalización, mayor liquidez a nivel global, entre otras, han hecho más susceptibles a los mercados de valores ante sucesos macroeconómicos, generando incluso una mayor volatilidad en dichos mercados. Si a esto se le añade que los “cisnes negros” cada vez tienden a ser más frecuentes, el inversionista siempre estará cuestionando su manera de invertir en un entorno tan volátil como complejo.

Si se sitúa en un entorno actual donde las tasas de interés en México se encuentran en máximos históricos de los últimos años y donde el mercado de renta variable se muestra muy sensible a las noticias nacionales como internacionales, resulta muy fácil que los expertos piensen en disminuir las posiciones accionarias a 100% y migrarlas a una posición en deuda. Sin embargo, hay que recordar que aun en periodos de alta volatilidad y de crisis siempre se puede encontrar buenas alternativas de inversión que favorezcan el rendimiento de los portafolios de largo plazo.

Entonces, ¿cuál sería la estrategia ante un panorama de incertidumbre en renta variable y con un entorno de tasas competitivo? Aunque la pregunta puede conducir a varias respuestas donde seguramente la mayoría optaría por la eliminación por completo en renta variable, se considera que la mejor opción debería estar enfocada en dos direcciones. La primera sería balancear el portafolio de inversión, es decir, adecuar el portafolio de acuerdo con el entorno económico, sin dejar en ningún momento fuera aquellos activos que en un momento dado pudieran apalancar los rendimientos más allá de lo que ofrecen las tasas de interés. La segunda sería seleccionar activos que puedan tener un desempeño importante, aun en tiempos de incertidumbre o crisis.

Dentro de la primera solución, ahora la pregunta consecutiva sería ¿en cuánto o en qué proporción? la respuesta dependerá del perfil de cada inversionista, pues las circunstancias y objetivos que tiene cada persona tienden a ser diferentes. Sin embargo, dentro de la combinación de un portafolio estructural o de largo plazo con una proporción 80% deuda y 20% renta variable, la proporción de renta variable podría variar en más menos 5% según el panorama económico, sin dejar de lado nunca la proporción en renta variable, ya que al igual que muchas caídas estrepitosas en el mercado, las subidas también tienden a ser rápidas; salirse por completo —entonces— generaría un costo de oportunidad alto, lo que implicaría en el mismo sentido mucho tiempo de recuperación basado en un instrumento de inversión tradicional.

La segunda solución tiende a ser un poco más táctica, pues la selectividad de los activos dependerá tanto del entorno económico actual como de la calidad y respuesta de los activos ante dichos escenarios. Un ejemplo es la compra de acciones defensivas y con buena calidad crediticia ante un periodo de estancamiento o incluso de un decrecimiento económico, del mismo modo la recomendación es de sobreponderarse en sectores procíclicos en periodos de bonanza económica, sin olvidar que también existen instrumentos que permiten diversificarse en mercados internacionales, commodities y hasta instrumentos que permiten generar ganancias incluso con mercados a la baja.

Finalmente, recordar que cualquier objetivo de inversión tenderá a cambiar muy poco, aunque el entorno económico sí cambiaría para lograrlo, por lo que respetando el horizonte de inversión, haciendo una correcta diversificación de acuerdo a cada perfil, así como haciendo una buena selección de activos tenderá a capotear de mejor manera los vaivenes del mercado.

*El autor es especialista bursátil en BBVA Bancomer.