De acuerdo con el informe global “La igualdad de género en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible: Hacer las promesas realidad”, de la ONU México y el Colegio de México, las mujeres y las niñas, representan la mitad de la población mundial.

Es por ello que un foco selectivo en la pobreza extrema de las sociedades, radica en la imposibilidad y la falta de acceso de las mujeres para hacerse de recursos económicos que les permitan además de subsistir, generar las condiciones necesarias para que su descendencia pueda trascender esa misma situación de pobreza. No así en los hombres.

A escala mundial, señala el estudio, hay 122 mujeres de 25 a 35 años de edad que viven en la pobreza extrema, por cada 100 hombres del mismo grupo de edad, y aunque a la fecha no existen estimaciones mundiales fiables desglosadas por sexo sobre el número de personas que viven en pobreza extrema, puesto que los instrumentos para recopilar datos sobre pobreza monetaria por sexo se detienen en el nivel “hogar”, es frecuente, refiere la ONU Mujeres, que se formulen hipótesis sobre la distribución de los recursos dentro del hogar, suponiendo que dichos recursos se comparten de manera equitativa.

Sin embargo, la desigualdad en el acceso a los recursos económicos y el control de estos, es la causa fundamental de la pobreza entre las mujeres porque limitan su movilidad, sus posibilidades de tener ingresos, sus derechos sobre la propiedad y, por tanto, también su formalización y capacidad para constituirse como sujetos de crédito.

Como consecuencia, concluye el estudio sobre esta premisa de la equidad en el acceso a los recursos económicos entre hombres y mujeres, es menos probable que las mujeres cuenten con ingresos propios que los hombres, lo que hace que dependan económicamente de la pareja y en ese sentido, aumente la vulnerabilidad a la pobreza.

En ese sentido, entre los cinco primeros objetivos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, se encuentra la igualdad de género, en donde se destaca la importancia de emprender reformas que otorguen a las mujeres igualdad de derechos a los recursos económicos, así como el acceso a la propiedad, y al control de la tierra y otros tipos de bienes, los servicios financieros, la herencia, y los recursos naturales de conformidad con las leyes.

Una mayor igualdad de género en la distribución de los recursos económicos, afirma la ONU Mujeres en el citado estudio, tiene efectos multiplicadores positivos para el logro de un crecimiento económico inclusivo, y ayuda, además, a sobrellevar los golpes y volatilidades de la economía, ya que la posesión de bienes puede usarse como garantía para el acceso al crédito, proporcionando a las mujeres y a las familias los medios para generar ingresos.

En la próxima parte de este artículo sobre el mismo tema, me referiré a algunas de las acciones con las cuales, entidades como los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) conjunto de fideicomisos originados en el Banco de México, contribuyen para fomentar la inclusión de las mujeres al crédito formal en el medio rural y que benefician, entre otras, la independencia económica y la equidad de género.

*Cecilia Arista Alanís es especialista de la Subdirección de Promoción de Productos y Servicios en FIRA. La opinión aquí expresada es de los autores que la suscriben y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.