El Comité de Tesorería del IMEF analiza continuamente la paridad cambiaria peso–dólar y en sus últimas estimaciones consideraban que el peso se debilitaría por lo menos a 20.50 pesos por dólar o incluso por arriba de los 21-22 pesos por dólar, debido al efecto de las elecciones federales. Dichos pronósticos se veían cumplidos cuando el pasado 14 de junio la paridad cambiaria cerró en 20.8290, el máximo nivel del año hasta ese día y a dos semanas de las elecciones.

Con sorpresa, se observó que para el viernes 29 de junio, es decir, dos días antes de los comicios, nuestra moneda se había apreciado más de 4.5% respecto a ese máximo nivel, cerrando en 19.8730. Durante la madrugada del lunes 2 de julio, el tipo de cambio estuvo oscilando entre 19.92 y 19.97, en momentos en que ya se había reconocido al ganador de la contienda electoral. Ese día, la paridad subió hasta 20.20 pesos, pero al cierre quedó en 20.0550 y una hora después ya estaba debajo de 20 por dólar.

Sin duda alguna, el candidato puntero mandó señales de tranquilidad a los mercados cuando declaró que se respetaría la autonomía del Banco de México y que se observaría una política macroeconómica, fiscal y monetaria responsable, lo cual hizo que el tipo de cambio se tranquilizara y se apreciara significativamente durante las siguientes dos semanas y que para el lunes 16 de julio cerrara en 18.8530, una apreciación de casi 10% (prácticamente 2 pesos menos) respecto al máximo nivel alcanzado un mes antes.

Sin embargo, la apreciación de nuestra moneda no se debe enteramente a la contienda electoral. Hay que destacar que en menos de una semana el dólar se debilitó poco más de 1%, resultado de las declaraciones de Donald Trump respecto a que no está contento con la Reserva Federal, puesto que el aumento de su tasa de interés fortalece al dólar, lo cual resulta en una pérdida de competitividad para sus exportaciones y un freno para su economía.

Habrá que recordar que el dólar ha estado un tanto volátil durante los últimos dos meses, debido a la iniciativa de Trump de “equilibrar” su déficit comercial mediante la aplicación de aranceles a sus importaciones de acero y aluminio, mismas que han tenido respuesta recíproca por parte de sus principales socios comerciales, a quienes las ha aplicado.

Si bien este tema aún no ha ocasionado demasiados estragos económicos, las amenazas de aumentar aranceles a los autos y a sus componentes (en el caso de Europa, Asia, México y Canadá), así como a la totalidad de las importaciones provenientes de China ocasionaron recientemente que el dólar se apreciara ante el riesgo de que esto provoque una desaceleración en la economía mundial.

Respecto a nuestra moneda, el efecto positivo que ha tenido desde las elecciones evitó que se sintiera el encarecimiento que ha tenido el dólar durante las últimas semanas, consecuencia de los temores que provocan las políticas proteccionistas de Estados Unidos.

No cabe duda de que Trump está actuando desde una posición de fuerza, con la seguridad de que su economía crece con vigor y, por ello, sus disruptivas propuestas de imponer aranceles, con las consecuentes represalias de sus socios comerciales representan un reto mayor para la economía mundial y para los mercados financieros, ya que una guerra comercial debilitaría en un principio al dólar, pero al final de cuentas terminará por fortalecerlo en caso de que sobrevenga una crisis financiera mayor.

Se comenta lo anterior porque, si bien el peso se ha fortalecido tras las elecciones, en el entorno hay riesgos difíciles de ignorar y que seguramente afectarán no sólo al tipo de cambio, sino también al entorno económico mundial y mucho antes de que en nuestro país asuma el poder la próxima administración federal.

Ante ello, el IMEF exhorta a estar atentos y no confiar en que la paridad cambiaria continuará apreciándose por lo menos hasta el próximo 1 de diciembre, día del cambio de poderes en nuestro país. Hay que mantener la cautela, no hay nada seguro y son diferentes los factores de riesgo que pudieran impactar a la moneda nacional y, por ende, a nuestro entorno económico.

*El autor es expresidente del Comité Técnico Nacional de Tesorería del IMEF.