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En la turbulencia financiera, a Agustín sí lo entiendo
Objetivo: proteger al peso de los abusos.
En las terminales de los que toman decisiones sobre el flujo de recursos entre un mercado y otro tienen acceso directo a los datos financieros de los países en los que invierten. Saben muy bien cómo se mueven cada semana las reservas internacionales, tienen claro el balance fiscal, saben de las importaciones y las exportaciones.
En fin, tienen a la vista y en análisis permanente las variables que pueden marcar la diferencia para hacer o no buenos negocios. Si lo suyo es la inversión directa cuidan que todo vaya muy bien para tener garantías de obtener ganancias y no arriesgar sus capitales.
Pero si lo suyo es la especulación, buscan las ventanas de oportunidad que puedan abrirse en las finanzas para obtener algún resultado, preferentemente de corto plazo, en los tiempos turbulentos como el actual.
Habrá mercados como el venezolano o el griego que implican un riesgo cercano al fracaso seguro de una inversión, pero hay otros que dejan puertas abiertas para llegar como plaga de langostas, mover sus variables y salir con ganancias jugosas, por ejemplo en el mercado cambiario.
Cuando Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, habla de arsenales y parque monetario no le está hablando a esos operadores que ni español hablan, quiere que lo escuchen los legisladores que lo convocaron a la reunión y el público en general que escucha y habla de devaluaciones y crisis del peso.
Claro está que el banquero central mexicano también se dirige a los participantes de los mercados, pero con ellos se comunica por otros medios y de otras formas, lo importante es que al final reciban el mismo mensaje de advertencia.
Carstens es muy didáctico, tiene esa virtud de poner en un lenguaje llano conceptos que suelen ser muy áridos para un público abierto. Sin embargo, cuando sus analogías son filtradas por los ojos de los que buscamos noticias, encontramos unas perlas maravillosas.
Baches, catarritos y arsenales, entre muchas otras metáforas dignas de un buen profesor de economía, pero con el doble filo de las ocho columnas de los medios masivos.
Como sea, la última de Agustín, aquella del arsenal monetario para hacer frente a la volatilidad, ha sido muy afortunada para dejar en la mente de los no expertos que pueden estar confiados en que al peso se le defenderá con armamento monetario de grueso calibre o bien si alguien se quisiera sumar a una ola especulativa, podría toparse con un ejército monetario bien armado.
Por eso me gusta tanto aquella frase de López Portillo de defender al peso como un perro, porque ilustra muy bien lo que no debió haber sucedido.
Hoy no hay un tipo de cambio fijo, no hay un objetivo de paridad, sí hay una tendencia del dólar de Estados Unidos de apreciarse frente a las monedas más negociables del mundo y sí hay que cuidar que en este nuevo normal no haya quien se quiera pasar de la raya especulando.
Por eso es que hoy sí se entiende cuál es el objetivo de la autoridad cambiaria, queda claro su mensaje de proteger al peso de los abusos, no de la depreciación.