El Primer Ministro Justin Trudeau convocó a elecciones anticipadas el pasado 15 de agosto, a pesar de que apenas en el 2019 se habían realizado las últimas elecciones federales. Aunque parecía una controversial decisión política, sobre todo cuando aún tenía como mínimo dos años de gobierno por delante, el Primer Ministro tomó esta decisión pensando en que el Partido Liberal podía ganar una mayoría en el Parlamento, apoyado por la imagen del propio Trudeau y los avances que se han logrado en el tema de vacunación contra la COVID-19. 

No obstante, a escasos diez días para la elección, el Partido Liberal no acaba de despuntar claramente sobre sus rivales. De hecho, en algunas encuestas, aparece en un empate técnico con el Partido Conservador, encabezado por Erin O’Toole. El Nuevo Partido Democrático le sigue en tercer lugar, y aunque difícilmente puede resultar ganador, los votos que reciba sí podrían acabar debilitando las posibilidades de una mayoría para el Partido Liberal. 

Justin Trudeau ha sido Primer Ministro desde el 2015, lo cual parece mucho tiempo con el vertiginoso acontecer del mundo. Más aún, si vemos la línea del tiempo de forma más amplia, esto es consistente con el dominio que ha ejercido el Partido Liberal sobre la política canadiense desde finales del siglo pasado:  desde 1993 a la fecha, solamente se ha elegido a un Primier Ministro del Partido Conservador – Stephen Harper, que gobernó entre 2006 y 2015.  

Si los Conservadores triunfan, ¿qué podríamos esperar de su gobierno? En algunos temas, las propuestas de ambos partidos no son tan diferentes, reflejando el consenso general a lo largo de todo el espectro político canadiense sobre temas como salud e inversiones post-pandemia. Pero los Conservadores proponen una disminución de impuestos importante, además de modificar las acciones en contra del cambio climático, eliminando el impuesto al carbono para crear pequeñas cuentas individuales en donde cada ciudadano tendría que pagar por sus emisiones (suena extraño, pero así lo proponen).

En temas de política exterior, ambos partidos parecerían compartir visiones respecto de la política hacia China – recordemos que, en estos momentos, la relación política es tensa, debido a que dos ciudadanos canadienses fueron recientemente condenados en China por cargos de espionaje y tráfico de drogas –, así como respecto a recibir a un número importante de refugiados afganos. 

Al momento, todo apunta a que México no será un tema visible en la elección canadiense, aunque posiblemente nuestro país sea mencionado de manera indirecta cuando los partidos se posicionen respecto del T-MEC –conocido por las siglas CUSMA en Canadá– y de la propia relación de Canadá con EE.UU. 

Respecto a la relación entre México y Canadá, por mucho tiempo se ha hablado de que ésta no está cerca del verdadero potencial que tiene (lo cual es cierto), o de cómo nuestros países son vecinos distantes, con un vínculo que innegablemente “debe pasar” por Washington (lo cual no es cierto). 

El inicio de un nuevo ciclo en el liderazgo canadiense puede ser un buen momento para que México busque disipar estas percepciones generales. Independientemente del resultado electoral, pienso que México debe de acercarse más a Canadá y darle mayor visibilidad al trabajo que ya se realiza: por ejemplo, apenas en noviembre del 2020, ocho grupos de la Alianza México-Canadá presentaron sus reportes en áreas como agroindustria, energía, medioambiente, capital humano, comercio, inversión e innovación. 

Igualmente, desde hace décadas existe con Canadá un Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales (PTAT), que permite a trabajadores mexicanos laborar, hasta por ocho meses, en provincias canadienses como Alberta, Columbia Británica, Nueva Escocia y Quebec,  desarrollando actividades en los cultivos de verduras, tabaco, frutas y apicultura, entre otros. Debemos darle mayor visibilidad a esta labor productiva conjunta, que es fundamental para la industria agroalimentaria de Canadá, del mismo modo que lo hacemos respecto a la producción automotriz entre México y EE.UU. 

En ambos países, México y Canadá, la recuperación de nuestras economías en el mundo post-COVID depende en gran medida de aprovechar el T-MEC/CUSMA, por lo que otra área significativa para ambos es la aplicación del tratado,  dando seguimiento a los compromisos e instrucciones que se han dado a los grupos de trabajo y comités.  

Debemos proyectarnos en Canadá como un socio confiable, del mismo modo en que intentamos hacerlo en EE.UU. 

*El autor es académico de la Universidad Panamericana; previo a eso, desarrolló una carrera de veinte años en el gobierno federal en temas de negociaciones comerciales internacionales.

Twitter: @JCBakerMX

Juan Carlos Baker

Académico

Pistas de aterrizaje

Juan Carlos Baker es académico de la Universidad Panamericana. Durante veinte años trabajó en la Secretaría de Economía, en la Subsecretaría de Negociaciones Comerciales Internacionales, de la que fue titular entre 2016 y 2018.

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