El primer acto público de Enrique Peña Nieto en 2015, marcará el antagonismo social que tendremos a lo largo de este y los próximos años: por un lado, un titular del Estado empeñado en impulsar como agenda prioritaria las reformas económicas para alentar otro ciclo de acumulación de capital, y de otro lado, un presidente impugnado socialmente, como ocurrió ayer viernes que acudió a Oaxaca a poner en marcha un gaseoducto de Pemex en Salina Cruz.

En este primer acto, Peña Nieto habló como si nada hubiera ocurrido en el país en los pasados tres meses, tras la masacre de Iguala que dejó tres normalistas de Ayotzinapa muertos y 43 desparecidos.

Ignorando el reclamo de los familiares de los desaparecidos de Ayotzinapa y de los miles de desaparecidos de todo el país, Peña Nieto volvió a poner en el centro de su agenda el tema de las reformas económicas. Según Peña Nieto, tras la aprobación de las reformas en los dos años anteriores, en 2015 se sentirán sus efectos positivos. Seguramente no será así, como tampoco lo fueron en sido las reformas orientadas a la inversión privada de los pasados cuatro presidentes mexicanos.

Antes de volver a recitar su propaganda reformista, a Peña Nieto le convendría leer (o al menos pedir que le hagan unas tarjetitas) el Informe de Evaluación de la Política Social 2014, del Consejo Nacional de Evaluación de la Desarrollo Social (Coneval) en el que se consigna que el poder adquisitivo del ingreso se ha reducido desde 1992.

Aunque este reporte académico está elaborado desde el restringido enfoque de los derechos humanos (dejando de lado pilares del capitalismo como son la explotación, el despojo y el desprecio), sus resultados dejan ver con claridad que el conjunto de políticas económicas (y sociales, políticas y jurídicas) que los pasados gobierno han llevado a cabo han sido desastrosas para la mayoría de la población. Y también para el medio ambiente: en 2012 el costo medioambiental del capitalismo mexicano costó 6.3 por ciento del Producto Interno Bruto, consignó el Coneval.

Los datos de conjunto del Coneval hablan de un país en devastación social: economía estancada (crece apenas 1.2 por ciento al año), el ingreso familiar sin aumento desde 1992, deterioro del sistema educativo y de salud, y un trato desfavorable para los más débiles y pobres: indígenas, discapacitados, adultos mayores y mujeres.

En resumen, las políticas de libre mercado, desregulación, privatizaciones de bienes públicos, despojo de tierras, han sido desfavorables para la mayoría de la población, y a pesar de ello, Peña Nieto se empeña en continuar con dichas políticas como si su saldo desastroso no fuera evidente.

Aunque estemos tentados, sería un error llamar un fracaso al empeño de la clase gobernante en seguir con las políticas neoliberales, puesto que no todos han salido perdiendo: de otro lado es patente el incremento en la riqueza y su concentración en pocas manos, así como el intenso flujo de beneficios para las corporaciones extranjeras que operan en México. Aunque eso no esté consignado en el reporte de Coneval.

@rmartinmar