El lamentable suicidio de una estudiante del ITAM desató un debate sobre la presión que sufren los alumnos de esa institución y las prácticas de enseñanza de la misma, y con razón. Yo estudié economía en el ITAM a inicio de los años 90. Tengo buenos recuerdos, hice grandes amigos y me siento orgulloso de contar con un título de una escuela de alto rigor académico. Era estudiante foráneo, con un nivel de inglés intermedio y difícilmente podía pagar la colegiatura. En el ITAM encontré la solidaridad de compañeros, profesores y de la institución. La experiencia de aprendizaje fue muy rica, tuve acceso al conocimiento de punta en la economía y en la ciencia política, así como un ambiente propicio para discutir ideas y temas de interés público. Me gradué e hice estudios en el extranjero. No tengo más que agradecimiento al instituto. Por eso y por mi calidad de egresado, me parece importante no dejar pasar la oportunidad para que se haga una reflexión al respecto.

De lo que pude leer de opiniones de alumnos y egresados, persisten prácticas en las que se parte de la idea de presionar en exceso, en ocasiones con actitudes soberbias, con la idea de que sólo de esa manera se logrará la excelencia académica. Se acusa también de que se toleran expresiones machistas y groseras de los docentes. El ITAM que conocí era una institución en la que los alumnos teníamos poco que decir. Recuerdo que, en ese momento, no se pudo avanzar en una iniciativa para prohibir que se fumara en los salones de clases, porque los profesores lo hacían. No sólo el apoyo era escaso, sino que se menospreciaban actividades culturales y deportivas que podían ayudar a la integración y desarrollo humano. Me parece importante que una institución como el ITAM busque la excelencia por medio del mayor rigor académico, pero pienso también que hubiéramos aprovechado mejor y alcanzado mayor conocimiento en un ambiente que se preocupara por el alumno. Me atrevo a agregar otro ingrediente: la formación también hubiera sido mejor si no se hubiera limitado a los enfoques dominantes de la economía y la ciencia política en EU, sino ampliado a otros más en boga, como los que cuestionan el capitalismo liberal, lo que nos hubiera ayudado a entender mejor lo que sucede en el mundo.

El problema no es que se deba renunciar a la excelencia y al rigor académico, ésas deben ser obligaciones de toda institución de educación, pero eso no implica poner en riesgo la estabilidad emocional de los estudiantes. Un estudiante que cuenta con una red de apoyo puede alcanzar mayores niveles de logro educativo. Que sirva esta discusión para que el ITAM mejore, pero para que también se hable de la estabilidad y el desarrollo humano de los jóvenes como necesidad no atendida a lo largo del sistema educativo superior del país.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.