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Opinión

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El que no arriesga no gana

Para justificar el valor económico de las cosas, hay tres características principales a observar: i) la capacidad de generar flujos de efectivo (cash is king), ii) la regularidad u oportunidad con la que se generan estos flujos, y iii) el riesgo implícito en generarlos. Veamos esto con más detalle.

No cualquier activo tiene la capacidad de generar flujos de efectivo. Esta capacidad a veces es intrínseca a la naturaleza del activo y en otras ocasiones depende del ambiente donde esté. Por ejemplo, es poco probable que un individuo en un desierto quiera pagar por utilizar un salvavidas, pero si estuviera en un barco a punto de hundirse, sí lo haría.

Por otro lado, tenemos el concepto del valor del dinero en el tiempo, basado en la premisa de que un inversionista prefiere recibir el pago de una suma determinada de dinero hoy, en lugar de recibir en fecha futura. ¿Por qué? Un factor es la inflación, que hace perder poder adquisitivo al dinero a través del tiempo. Otro factor es la posibilidad de hacer uso de ese dinero hoy, en una inversión más rentable aún. Estas posibilidades hacen más valioso un activo que genera flujos de efectivo de manera anticipada comparado con otro que los genera posteriormente.

Por último, existe el riesgo de que no se generen flujos de efectivo; es decir, que no recuperemos el dinero invertido a pesar de estar en una situación propicia para su generación. Lo anterior puede deberse a una mala administración o a un cambio en las circunstancias del producto o mercado. ¿Recuerdan a Takata, la compañía de autopartes que vendió millones de bolsas de aire defectuosas?

Los especialistas que participan en los comités técnicos del IMEF se ocupan en temas que impulsan a las empresas a crear valor, reduciendo simultáneamente los riesgos financieros, y precisamente por ello, considerando las tres características mencionadas, se señala que la mejor opción para invertir será aquella donde se identifique la mayor capacidad de generar flujos de efectivo lo más pronto posible y con el menor riesgo. Aunque conceptualmente suena sencillo, la infinita diversidad de combinaciones que pueden solucionar esta ecuación vuelve todo un reto las decisiones de inversión.

Si mantuviéramos las primeras dos características equivalentes, es decir inversiones con flujos de efectivo similares en cantidad y oportunidad, la decisión tendría su base en el riesgo percibido. Cada individuo tiene su medida de lo que considera un riesgo aceptable, de acuerdo con su posición económica o simplemente con la de su apetito al riesgo. Sin embargo, existen referencias públicas que nos pueden auxiliar cuando buscamos opciones para invertir.

En este sentido, el primer paso es comparar inversiones para plazos similares en la misma moneda y a la misma fecha. Es decir, si vamos a entrar a una inversión en pesos por 28 días, tiene sentido buscar un rendimiento superior a 4.2% (rendimiento de Cetes a 28 días al 26 de julio). Sin embargo, cuando hablamos de invertir en un negocio a largo plazo, la referencia podría ser el bono a tasa fija del gobierno mexicano con un plazo a 20 años, que ofrece un rendimiento de 6.3% anual. Alternativas más riesgosas requieren un premio sobre estos rendimientos garantizados, por lo que no es raro observar que quienes apuestan por una startup busquen retornos superiores a 20 por ciento.

Un punto interesante es la subjetividad que tenemos para medir el riesgo, lo equivocados que solemos estar respecto del riesgo que significa invertir en nuestras empresas. ¿Será por eso que al valuar una empresa los accionistas se empeñan en utilizar tasas de descuento que reflejen riesgos relativamente bajos? La solución es no perder de vista las referencias del mercado. No es lógico que alguien decida invertir en un negocio por un rendimiento menor al que ofrecen instrumentos libres de riesgo.

Discusiones como ésta son cotidianas dentro de los comités técnicos del IMEF, y deberían serlo entre quienes buscan inversionistas o mejores opciones para invertir. En caso de tener la opción de invertir en una compañía privada, familiar, que comercializa un solo producto en México, o invertir en una compañía institucional que cotiza en la Bolsa Mexicana de Valores, y que tiene una diversidad de productos que comercializa en múltiples mercados en Latinoamérica, ¿cuál elegiría y cuánto más esperaría de rendimiento?

*Presidente del Consejo Técnico del IMEF.

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