Vivimos tan rápido que olvidamos fácilmente. Los problemas son tantos y tan complejos que la coyuntura nos hace ver sólo la superficie y dejamos de cuestionarnos para llegar a la raíz. De ahí que no entendamos muchas veces las causas y por ello no logremos transformaciones profundas.

Todos sabemos y repetimos que la corrupción es el cáncer que gangrena a organizaciones, instituciones y empresas de todos tamaños, públicas y privadas. A pesar de estar conscientes, nuestros esfuerzos para combatirla eficazmente siguen siendo poco efectivos.

Algo de lo que pocas veces hablamos y de donde deriva gran parte del problema es el tamaño del aparato burocrático del Estado mexicano. Ese que demanda cada vez más y más presupuesto para operar y administrar de manera muy ineficiente, pues siempre reparte hacia dentro y se queda con la mayor parte.

Cada año, cuando los partidos negocian el presupuesto, los mexicanos somos testigos de cómo la clase política quiere más y más recursos. No conformes, el dinero nunca alcanza y por eso recurren a endeudarse a niveles que hoy son muy peligrosos.

En el reporte de la cuenta pública 2015 que dio a conocer la Auditoría Superior de la Federación, son evidentes la opacidad y las irregularidades en gastos por más de 165,000 millones de pesos. De esta cifra alarmante, alrededor de 100,000 millones corresponden al gobierno federal, poderes de la Unión y órganos autónomos y más de 65,000 millones restantes a estados y municipios.

Ejemplos como éste sobran. El problema es que los mexicanos no exigimos una reducción considerable del tamaño del Estado. Desde el lanzamiento de ELEGIR: Observatorio de Libertad Económica y Política hemos sostenido que un peso rinde más en manos de quien lo trabaja que en manos del gobierno.

La clase política es insaciable. Busca todas las formas posibles de tener más y más recursos, ya sea a través de cobrar más impuestos o endeudarse. Es hora de abrir un debate más profundo para demostrar cuántos miles de millones podríamos ahorrarnos si el gobierno, además de más esbelto, fuera más eficiente.

Es hora de replantear la reducción del Congreso, pues sobran diputados y senadores que nada más cobran mientras el país no ve ni goza los beneficios de su trabajo. Lo mismo en los gobiernos estatales y municipales.

Ahora que está de moda aspirar a una candidatura rumbo al 2018, exijamos que el tamaño del gobierno y el presupuesto que recibe la clase política sean temas centrales del debate.

Twitter: @armando_regil