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El país de los ciegos, sordos y mudos
Si alguna vez el expresidente Carlos Salinas de Gortari dijo aquella frase memorable ni los veo ni los oigo , refiriéndose a sus detractores del PRD, cuando pronunció su último Informe de Gobierno en septiembre de 1994, ahora es el arzobispo de Durango, Héctor González Martínez, quien dice ser sordo y mudo , luego de que ya no quiso abundar sobre sus propias declaraciones, al comentar que el narcotraficante Joaquín El Chapo Guzmán, unos de los hombres más ricos del mundo, según la revista Forbes, vive cerca de Guanacevi, Durango.
Claro, sí es que estaba ahí, ya ha de haber tomado el vuelo para otros lares Pero, bueno no cabe duda de que vivimos en el país de los ciegos, sordos y mudos. Ojalá y las asociaciones civiles, o el mismo gobierno, tomen en cuenta a estos personajes en sus programas de apoyo a personas con capacidades diferentes.
Por cierto, algunos jerarcas de la Iglesia católica hasta se persignaron ante declaraciones tan temerarias y otros se encomendaron a Dios por el alud de críticas de la opinión pública.
¡Ah! pero eso no es todo, durante la Asamblea del Episcopado Mexicano, los dirigentes eclesiásticos, reconocieron que deben guardar prudencia con respecto a algunos temas, sobre todo tratándose del narcotráfico, pues aunque según ellos, gozan del respeto de los capos, no deben meterse en camisa de 11 varas.
LA HUMILDAD DE LOS JERARCAS CATÓLICOS
Y hablando de los arzobispos y cardenales, la gran mayoría, buena vida que se dan. Sus trajes, traídos desde Italia, son confeccionados a la medida por destacados diseñadores. La reconocida marca Ermenegildo Zegna, es una de sus favoritas.
Lo peor de todo es que compiten entre ellos, para ver quién es el mejor vestido. ¡Qué cinismo! ¿Verdad? Sobre todo, cuando millones de mexicanos padecen hambre y desempleo.
Pero no recuerdo a nadie tan ostentoso y extravagante como monseñor Guillermo Schulenburg, abad emérito de la Basílica de Guadalupe, que tiene una colección de rosas de oro, de todos los tamaños y kilates. Amén de obras de arte y tapetes persas, su casa tiene pisos de mármol importados de Italia.
¡Ah! pero eso no es todo, una de sus joyas preferidas es un anillo de diamantes, que impresionaría a cualquiera, hasta a la mismísima reina Isabel II de Inglaterra.
Monseñor Onésimo Zepeda, obispo de Ecatepec, proveniente de una familia acaudalada, antes de convertirse en sacerdote fue corredor de Bolsa y fundador de Inbursa. Es aficionado al golf -uno de los deportes más caros- y a los toros, que también son su pasión. Se me olvidaba, en sus años mozos fue torero.
Por su parte, al cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, que nació en Tepehuanes, Durango, en el seno de una familia campesina, le gusta visitar Europa por lo menos tres veces al año.
Por cierto, le comento estimado lector, por si le interesa saber, el fin de semana pasado, viajó a Roma, Italia, invitado por el Papa Benedicto XVI para oficiar una misa en el Vaticano.
EL VINO, SU ELÍXIR
Algunos de los altos prelados de la Iglesia católica, tienen cavas con vinos seleccionados. Gustan de los bueno vinos, para ellos son su elíxir. El Vega Sicilia y el Petrus, son de sus favoritos.
Hay de varios precios, dependiendo de la reserva. Una de las más caras es la botella Petrus 1998, (Magnun) de 1.5 litros, llega a costar hasta 9,990 euros, lo que equivale a más de 171,000 pesos.
Y en muchas ocasiones, seguramente lo degustan escuchando su música favorita como la de Ludwig van Beethoven y Giacomo Puccini. ¡Sin palabras!
¡Cómo crees!