Cuando era coordinador de Comunicación Social y portavoz de la Presidencia de la República propuse al presidente Fox (2000-2006) que se dejaran de utilizar los recursos públicos en la compra de publicidad a los medios.

En esa ocasión me dijo que, si yo convencía a los gobernadores, la gran mayoría del PRI, de no comprar publicidad discutiríamos mi propuesta. Le respondí que eso era imposible y las cosas se quedaron como estaban.

En las democracias más desarrolladas, los gobiernos no gastan los recursos públicos en anunciarse y promoverse. El actual gobierno, con su legitimidad y mayoría en el Congreso, pudo haber decidido que se terminara para siempre esta práctica.

Cuando la relación del gobierno con los medios de comunicación está mediada por el dinero, por la compra directa de publicidad, siempre será perversa. No puede ser de otra manera.

La intención del presidente López Obrador (2018-2024) es gastar la mitad del presidente Peña Nieto (2012-2018), que es una reducción, pero que aún así es una cantidad enorme y el doble de lo que se gastó en el gobierno del presidente Fox.

En el 2018, el gasto en publicidad fue de 8,988 millones de pesos, un año electoral, la mitad son 4,494 millones de pesos, pero el actual gobierno ya dijo que el gasto para el 2019 será de 4,711 millones, que son 217 millones más.

A esto se añade que Jesús Ramírez, coordinador de Comunicación Social del gobierno, dice que para este año existen 1,000 millones adicionales, por lo que el presupuesto podría alcanzar 5,800 millones de pesos, que sería sólo 35% menos que el último año de Peña Nieto.

En principio, el gasto del gobierno de López Obrador en publicidad para el sexenio sería de 28,626 y los 39,800 millones de pesos que equivale a 4,771 anuales, pero podría ser más. De hecho, ya es más.

Ramírez se comprometió a que en el 2019 no habrá ampliaciones. Queda por verse si en los próximos años el presupuesto y el gasto se sujetan a lo dicho. En todos los años de Peña Nieto el gasto ejercido fue mayor al presupuestado.

La nueva política implica que el gasto en publicidad no rebase nunca 0.1% del Presupuesto de Egresos. Con este límite, que es una medida acertada, todos los años el gasto en publicidad va a crecer en la medida que aumente el presupuesto, cosa que siempre ocurre.

El presidente, en el anuncio de la nueva Política de Comunicación Social, sostuvo que no se van a “utilizar los recursos públicos para premiar o castigar a ningún medio, que el presupuesto no sea un mecanismo de coerción, de castigo”. Ya se verá cómo se distribuyen los recursos.

Ramírez anunció que para evitar la concentración del presupuesto en pocos medios “queda prohibido que un medio de comunicación concentre un porcentaje mayor a 25% de la pauta publicitaria”.

El presidente al presentar la nueva política, que en lo sustantivo es la de siempre, ya que el gobierno sigue con la compra directa de publicidad, dijo que “al final somos simplemente administradores de los dineros del pueblo”.

Si esta administración quiere romper la relación perversa entre gobierno y medios de comunicación debe crear un órgano de Estado, no del gobierno en turno, que sea el que contrate la publicidad en los medios. Pienso, con todo, que el ideal es que el gobierno, por ley, no gaste en publicidad.

Rubén Aguilar

Asesor Político

Convicciones

Licenciado en filosofía, maestro en sociología y doctor en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe, México). Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). De 1966 a 1979 estuvo en la Compañía de Jesús.