Una de los errores más costosos que tenemos los mexicanos cuando pensamos en la relación México-Estados Unidos es que frecuentemente la circunscribimos a ámbitos de conflicto: migración y drogas. En el error caemos prácticamente todos: los de a pie, los expertos y los políticos.

Sobra decir que hacerlo nos deja en una posición bastante infértil: centrar nuestros esfuerzos –todos nuestros esfuerzos- en tratar de destrabar de una vez por todas los temas conflictivos en la relación deja de lado aquellos en los que podríamos tener mucho que ganar los dos países.

Ese es el caso de la cooperación energética. En particular, la colaboración para el desarrollo y comercialización de energías renovables es, quizá, el tema más positivo de la agenda bilateral, y un tema al que los dos países debemos comenzar a prestar más atención.

Y esto no es un asunto de querer cooperar más y mejor, sino de comenzar a reconocer los resultados que existen y se han acelerado a partir de una estrategia bilateral –silenciosa y discreta– que comenzó en la década de los 70. En corto: el sector de las energías renovables en México es uno con un enorme potencial para contribuir al desarrollo de regiones enteras en el país.

Es también uno que tiene muy cerca a un demandante creciente de energías limpias, dispuesto a financiar proyectos de infraestructura y de formación de recursos humanos en México para satisfacer su enorme necesidad energética.

Duncan Wood, académico del ITAM, presentó esta semana en el Woodrow Wilson International Center for Scholars en Washington DC, el documento de trabajo Environment, Development and Growth: US-Mexico Cooperation in Renewable Energies (Medio Ambiente, Desarrollo y Crecimiento:

Cooperación México-Estados Unidos en Energías Renovables). En éste, Duncan plantea que el momento actual presenta una oportunidad única para dar un paso bilateral hacia delante en el tema de combate al cambio climático y la producción de energías limpias. Los mecanismos para que esto suceda, ahí están: Barack Obama y Felipe Calderón crearon en el 2009 un marco de acción bilateral sobre el tema y el Departamento de Estado estadunidense presentó apenas en marzo del 2010 su nueva Visión sobre la Frontera .

Los gobernadores fronterizos y el Banco Norteamericano de Desarrollo han hecho esfuerzos por desarrollar una agenda común de energías renovables.

En este ámbito, está también la agencia de ayuda al desarrollo estadunidense USAID, particularmente interesada en el tema de la formación de cuadros de profesionistas mexicanos capaces de desarrollar y operar la producción de energías limpias que, por una lado, ayude al desarrollo regional mexicano y que, por el otro, disminuya paulatinamente la dependencia petrolera de Estados Unidos.

Esforzarnos por empujar este tema en la agenda bilateral no es, en ningún sentido, decir que la migración u otros temas no tienen importancia. Por el contrario: es una estrategia de mediano y largo plazo que generaría trabajo y desarrollo en México… eso mismo que muchos de los migrantes mexicanos piden para poder regresar a vivir en su país.

Inyectarle más recursos al desarrollo específico de proyectos bilaterales comunes de generación de energías limpias es una estrategia gana-gana para todos los involucrados. Es una opción que nos abre a los mexicanos una ventana de oportunidad única. ¿Por qué no asomarnos a ver cómo se ve el futuro? (seguro pinta mejor de lo que lo vemos hoy)

afvega@eleconomista.com.mx