Recientemente nos enfrentamos al reto de elaborar un programa de gobierno para la alcaldía de Azcapotzalco. Un plan provisional en lo que se define el sistema de planeación de la Ciudad de México que mandata la nueva Constitución. La primera pregunta a la que nos enfrentamos fue cómo englobar las acciones de la alcaldía en un marco que se pudiera medir, comparar con otras unidades políticas y que fuera relevante para la acción de gobierno de una ciudad. Se escogió el Índice de Ciudades Prosperas de ONU-Hábitat.

Azcapotzalco es la quinta alcaldía de la capital en nivel de prosperidad, por debajo de Benito Juárez, Miguel Hidalgo y Coyoacán, muy similar a Álvaro Obregón y Cuauhtémoc, y claramente superior al resto. Es un lugar relativamente próspero, con un nivel equivalente al promedio de la ciudad y mayor al del país, pero con áreas importantes de oportunidad. El índice mide la prosperidad en seis dimensiones: productividad, infraestructura, calidad de vida, equidad e inclusión social, sostenibilidad ambiental y gobernanza. Cada una de estas áreas las convertimos en ejes de los que se derivan acciones específicas a desarrollar.

Una vez que definimos las dimensiones en las que debe actuar un gobierno, el reto fue escoger los objetivos que se busca alcanzar. Para ese propósito utilizamos los objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la ONU. El reto fue hacer compatibles los ejes de acción y los objetivos con los derechos que otorga a los ciudadanos la primera Constitución de la CDMX. Por ejemplo, en el eje de productividad se realizan acciones para alcanzar objetivos como crecimiento e industria incluyente y sustentable, con el que da cumplimiento a derechos que marca la nueva constitución capitalina, como el derecho a la ciencia y la innovación (art. 8), al desarrollo sustentable (art. 10) y al trabajo (art. 10).

Buena parte de las acciones que van a permitir esos objetivos y dar cumplimiento a esos derechos buscaremos alcanzarla con el proyecto de convertir la zona industrial de Vallejo en un distrito de innovación, con la infraestructura necesaria para atraer nuevas industrias y desarrollar actividades que la ciudad requiere, como el reciclaje de residuos.

La meta final es construir un Azcapotzalco mejor, con un gobierno capaz de atender las demandas más inmediatas de servicios públicos, pero también que pueda contribuir a los grandes objetivos nacionales, como reducir la pobreza y la discriminación, o a los globales, como combatir el cambio climático. Es un mecanismo de transparencia para que la ciudadanía pueda evaluar nuestro trabajo e involucrarse en la acción del gobierno, y una estrategia para hacer realidad la red de derechos ganados por la ciudadanía bajo la nueva Constitución. Ojalá que sea de utilidad, tanto para nosotros en el gobierno, como a la ciudadanía.

VidalLlerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.