En cuestión de semanas, el Congreso de Oaxaca aprobó la legislación que garantiza el matrimonio igualitario, la reasignación sexo-genérica y la posibilidad de interrumpir el embarazo antes de las 12 semanas. Juárez estaría más que orgulloso de que su Estado natal sea vanguardia en legislar mecanismos que garanticen derechos fundamentales para las personas a pesar de los dogmas religiosos. Desde el gobierno de Ebrard, nadie había trazado una ruta tan clara para garantizar los derechos en una entidad federativa.

La despenalización del aborto es importante en Oaxaca, donde, por los niveles de pobreza, las interrupciones clandestinas son la tercera causa de muerte entre las mujeres en edad reproductiva; estas cifras dan cuenta de que pocas mujeres tienen la posibilidad económica de acudir con un médico privado, por lo que la mayoría se ve obligada a utilizar métodos muy peligrosos y pueden ser privadas de su libertad por ello. La experiencia de la CDMX muestra que la interrupción legal del embarazo es segura si se ofrece por medio del sistema público de salud con procedimientos y políticas públicas adecuadas. Ésa debe ser la tarea del gobierno de Oaxaca.

Legalizar el aborto es una acción progresista en todos los sentidos. Penalizarlo no tiene argumentos de la razón jurídica. Independientemente de la posición moral que se tenga con respecto al tema, la sociedad nada gana con que mujeres mueran o sean perseguidas y encarceladas por abortos ilegales; eso sólo genera más violencia, inequidad, dolor e injusticia. En general, la interrupción del embarazo es algo que ha sido entendido en todo occidente. Había sus excepciones, por ejemplo la conservadora Irlanda que desde diciembre del año pasado ya tiene una legislación que permite el aborto. Otro ejemplo de cerrazón es el que permea en América Latina, en donde aún existen países en los que el aborto está penalizado, incluso en casos de violación. Esto comenzó a cambiar hace 12 años en la CDMX, en Uruguay y, muy pronto, también en Argentina. Es sólo cuando ocurren retrocesos civilizatorios, como en el gobierno de Trump, cuando se cuestiona un derecho sexual y reproductivo por excelencia.

La historia de la aprobación del aborto legal en Oaxaca está por escribirse. Hubo organizaciones y figuras del feminismo nacional que apoyaron el movimiento, pero se trató de una iniciativa local encabezada por mujeres de Morena y del PT que pudieron poner como prioridad legislativa un tema de primera importancia para las mujeres. Hay quienes aseguran que si los hombres nos pudiéramos embarazar, desde hace mucho tiempo el aborto sería legal; aquí la importancia del papel que juega en la actualidad la paridad de género en el congreso, misma que ha cambiado sustancialmente el enfoque en la toma de decisiones y se ha impulsado a que se legisle en favor de los derechos de las mujeres. Se trata, sin duda, de una conquista más de los derechos de las mujeres, en este caso en particular, de las mujeres oaxaqueñas, combativas incansables y piezas fundamentales en la historia de la lucha social en México.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.