El valor es igual al precio de mercado y es determinado subjetivamente por las preferencias de los consumidores y los determinantes del equilibrio de mercado, lo cual explica directamente el daño a la naturaleza.

En esta columna hemos señalado la necesidad de una revisión de las variables consideradas en los modelos económicos, así como de la necesidad de plantear problemas cuya solución lleve a minimizar el daño social y ambiental. Con respecto a los recursos naturales, la forma en que entendemos la economía actualmente no solo lleva a un consumo excesivo a través de la producción y consumo desmedidos, también nos quedamos cortos en los planteamientos para empezar a revertir el daño ecológico infligido. 

François Quesnay argumentaba que la naturaleza es la única fuente de valor. Todo lo que los humanos necesitan para subsistir proviene de ella pues es capaz por sí sola de producir cosas nuevas: materia viva, petróleo mediante una transformación de materia orgánica y hasta el proceso de polinización de las abejas. Economistas clásicos como Adam Smith, David Ricardo y Marx incluyen en sus análisis la cantidad de trabajo humano necesario en la producción para determinar el valor de los bienes, pero sin dejar de lado el valor de la naturaleza.

Para los economistas neoclásicos el costo de producción ya no es tan importante para determinar el valor de los bienes, lo importante es cuánto el mercado paga por un bien, un recurso natural o el trabajo humano. El valor es igual al precio de mercado y es determinado subjetivamente por las preferencias de los consumidores y los determinantes del equilibrio de mercado, lo cual explica directamente el daño a la naturaleza.

Para Polanyi, ni la naturaleza ni el trabajo humano deben de ser considerados como mercancías reales ya que estas no son producidas para la venta. Sin embargo, estos dos insumos son esenciales en el establecimiento del valor actual de las cosas. La plusvalía es generada por el excedente de trabajo humano. Las tecnologías actuales, software y electrónica, son ejemplos claros de esto. Sin los mecanismos de apropiación del trabajo del otro no se pueden explicar fenómenos como Amazon.

Los modelos económicos actuales no plantean el problema adecuadamente, no usan las variables apropiadas y posiblemente ni la matemática apropiada. La incorporación de recursos naturales como mercancías en dichos modelos puede llevar a conclusiones incompatibles con la realidad. Cuando un bien es escaso su precio puede volverse muy alto y cualquier dificultad derivada de su escasez puede ser resuelta con más capital. Habiendo capital suficiente no hay escasez. Este tipo de razonamientos puede llevar a la justificación de políticas ambientales enfocadas al capital y no directamente a la conservación de la naturaleza.

Asimismo, algunas propuestas para mejorar estos modelos económicos en cuestiones ecológicas recomiendan tratar los recursos naturales como un activo similar a las carreteras, edificios y fábricas. Este tratamiento de los recursos naturales implica que el daño ecológico es equivalente a una depreciación de un bien sustituible.  El supuesto de fondo en estos modelos es que los recursos naturales solo son parte de un flujo entre producción y consumo y que, ante una posible escasez, pueden ser sustituidos perfectamente por capital o entre ellos, por ejemplo, gas por carbón. Es decir, el deterioro y  la escasez de recursos naturales quedan subordinados a la lógica de mercados autorregulados. La crisis ambiental actual pone en evidencia las debilidades de este supuesto por lo que son necesarios planteamientos donde se reconozca el valor inconmensurable e insustituible de la naturaleza y donde su conservación sea un fin en si mismo.

finanzas@eleconomista.com.mx

Lucía Buenrostro

Actuaria por la UNAM

Columna invitada

Lucía Buenrostro es Maestra en Economía por El Colegio de México y Maestra en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha desempeñado labores de docencia e investigación en la UNAM, en la Universidad de Warwick y en la Universidad de Oxford.

Cuenta con una amplia y sólida trayectoria en el sistema financiero internacional donde laboró por casi 15 años en Londres como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión.

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