Las ocurrencias gubernamentales son adversidades que agobian a nuestra patria. Nuestra vocación democrática causa que cada tres años se renueven autoridades en los 2,463 municipios y las 16 alcaldías que, a su vez, componen las 32 entidades federativas del país y en las que, además, cada seis años se eligen nuevos gobernadores.

Todos estos servidores públicos de elección popular llegan con diferentes ópticas de gobierno y, en la mayoría de los casos, desdeñan la eficacia de las políticas públicas implementadas por sus antecesores inmediatos, aunque pertenezcan al mismo partido político. Asumen los cargos con la idea de que lo realizado está mal hecho y que ellos van a reordenar la casa. Esto ya creó un círculo vicioso y lo estamos atestiguando con la transición del gobierno federal.

Los costos para la nación por estos cambios son muy elevados, incuantificables, ya que las obras y acciones que se desechan en su momento implicaron importantes inversiones de dinero público.

Otro infortunio nacional es nuestra corta memoria colectiva. Un ejemplo de estas ocurrencias, que ya dejamos en el olvido, es la Estela de Luz que, en ocasión del 200 aniversario de la Independencia y del centenario de la Revolución Mexicana, el expresidente Felipe Calderón mandó construir. Decidió celebrar edificando un monumento majestuoso. Según él, de la talla de obras emblemáticas como el Ángel de la Independencia o el Monumento a la Revolución. Tristemente, su obra se convirtió en símbolo de ineficiencia al quedar envuelta en el escándalo por problemas técnicos, opacidad y corrupción.

Fue entregada en enero del 2012, 15 meses después de lo programado. El presupuesto inicial fue de 398 millones de pesos, pero terminó costando más de 1,500 millones. La sociedad se sintió agraviada.

En el 2013, la Auditoría Superior de la Federación emitió un dictamen en el que se estableció que, con la obra de la Estela de Luz, se buscó beneficiar a la empresa constructora Gutsa; que se realizaron pagos excesivos y que los responsables del atraco fueron ocho exfuncionarios de una compañía subsidiaria de Pemex. Así, el brazo de la justicia jamás se acercó al expresidente Felipe Calderón. Este asunto se sumó, como uno más, a la brutal impunidad que impera en este país. En aquel momento nos escandalizamos ante el desfalco de 1,500 millones de pesos, una cifra descomunal.

De la misma forma, nos escandalizaron los más de 35,000 millones de pesos que el exgobernador de Veracruz Javier Duarte presuntamente desvió en su beneficio.

Ahora vivimos con el riesgo latente de que se derrochen más de 170,000 millones de pesos.

El gobierno entrante, encabezado por el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, reprueba al saliente y le parece que el Nuevo Aeropuerto de Internacional de México es un error y, a pesar de la millonaria inversión que ya se ha realizado en su construcción, someterá el destino del proyecto a una informal consulta popular, mediante la que pretende justificar, de ser el caso, el peor derroche de recursos públicos que jamás se haya visto en la historia de México.

170,000 millones de pesos equivalen a la construcción de 16 Estelas de Luz y es cinco veces el daño ocasionado al erario de Veracruz. ¿Eso es lo que queremos los mexicanos? ¿Un dispendio de esa magnitud? Es obvio que el presidente electo tiene claras las dimensiones de lo que está en juego.

Debemos ir a votar a la consulta. No permitamos que suceda un desastre financiero. La adversidad y el infortunio se juntaron y nos amenazan. Defendamos a la patria de las ocurrencias.

@Ernesto_Millan

ErnestoMillán

Columnista

Molinos de Viento

Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México. Maestro en Dirección y Gestión Pública Local por la Unión Iberoamericana de Municipalistas. Ha ocupado diferentes cargos en gobierno federal, estatal y municipal por más de 20 años. Es Secretario Técnico del Consejo Consultivo de la Federación Nacional de Municipios de México (Fenamm) y Consejero Jurídico de la Comisión Unidos Contra la Trata A.C.