En Cuba parece que no hay relojes. El tiempo es una invención del imperialismo, pensaría Fidel y los suyos. La democracia es una invención demoníaca porque con ella no hay dictaduras.

Ayer, Cuba lanzó un grito al mundo. Quizá sea un grito que dure 10 o 12 horas, porque después vendrá la represión si es necesaria. Pero el grito ya ocurrió.

Latinoamérica no tendría que dejar de pasar la ocasión de cerrar filas con los miles de cubanos que salieron a las calles de su país el día de ayer para gritar: “No tenemos miedo”.

Latinoamérica no tendría que pasar por alto las amenazas del presidente ilegítimo Miguel Díaz-Canel en contra de los cubanos que salieron a las calles.

Latinoamérica no debería de taparse los oídos ante las diversas proclamas: “Patria y Vida”, “Queremos vacunas”, “Libertad”, “Abajo la dictadura” y “Abajo Díaz-Canel”.

Latinoamérica no debería de pensar en la no intervención y la falsa libre determinación de los pueblos.

“Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía”, escribió Simón Bolivar.

Las primeras protestas se reportaron en la mañana de ayer en San Antonio de los Baños, provincia de Artemisa, cerca de La Habana, y poco después en Palma Soriano, Santiago de Cuba.

Díaz-Canel viajó a San Antonio de los Baños para conectar sus palabras a una cadena nacional. “No vamos a entregar la soberanía de nuestra Patria”, dijo el presidente electo por Raúl Castro.

No deja de llamar la atención que la fórmula aplicada por Fidel y su hermano, por varias décadas, se siga vendiendo como “nueva fórmula”. Para Díaz-Canel los miles de cubanos que tienen miedo de morir al ser contagiados por la covid-19 son gente ignorante que se deja manipular por Estados Unidos. Para el presidente que ha tenido una gestión silenciosa por su bajo perfil, se trata de un complot orquestado entre Washington y Miami. Las protestas no se originan de un escenario probable donde una parte de la sociedad se ha cansado de vivir en una especie de museo-país.

“Durante sus declaraciones, el Jefe de Estado denunció la participación de la administración estadounidense en las acciones de desestabilización política históricas que tienen lugar contra Cuba, y que se han intensificado, particularmente, durante la pandemia”, publica el diario oficial Granma en su versión web.

Con el paso de las horas, las protestas se mimetizaban en la isla. Desde Matanzas, epicentro de la pandemia en el país, llegaron reportes de un “estado de sitio”. “La policía no está dejando circular en la calle a nadie”, dijo una fuente del Nuevo Herald que pidió anonimato por temor a represalias del régimen. “El que salga ahora a la calle aquí lo matan a palos, Matanzas está llena de policías”.

Las autoridades de Salud Pública reportaron ayer casi 7,000 casos de covid, y casi 50 muertes por la enfermedad, la cifra más alta de decesos desde que inició la pandemia.

Pese a ello, Díaz-Canel tenía otros datos: “No es así, Cuba ha logrado controlar la pandemia durante más de un año, y desarrollar cinco candidatos vacunales”.

Propaganda, propaganda y propaganda.

“Esas son recetas hipócritas, discursos de doble rasero que los conocemos muy bien en toda la historia de los Estados Unidos hacia Cuba”, comentó.

Díaz-Canel demuestra su incapacidad para articular un discurso con el que asimile el tema de la pandemia y la realidad política de su país donde la violación de los derechos humanos es una constante. Para Díaz-Canel los cubanos no pueden tener una voz propia.

El éxito de las protestas de ayer también depende del mundo. ¿O seremos cómplices?

Twitter: @faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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