El sexenio pasado cayó la producción de Pemex, de 2.6 a 1.8 millones de barriles diarios. También incrementó la importación de combustibles. Era 47% del consumo nacional en el 2013 y cerró el sexenio arriba de 70 por ciento. Muchas cosas podemos decir para explicar la caída, pero es difícil argumentar que fue por falta de apoyo del gobierno federal.

En el contexto de la reforma energética, el gobierno federal asumió 182,000 millones de pesos de deudas de la empresa para financiar los pasivos laborales de la petrolera. Esta decisión liberó a Pemex de compromisos que valían el equivalente a 10,200 millones de dólares. Esta carga no se evaporó. Se fue directa a la panza del gobierno federal e incrementó la deuda externa de México.

Los apoyos multimillonarios no acabaron ahí. En el 2016, luego de la gestión de Emilio Lozoya, se acumularon deudas con proveedores por 147,000 millones de pesos. Hacienda salió el rescate y asumió parte de estos pasivos para evitar la quiebra de sus proveedores.

Reforma energética, dije líneas arriba. Alguno de ustedes cuestionará: ¿esos apoyos compensaron lo que Pemex perdió con la “maldita” reforma? Se ha hablado mucho de la irrupción de los privados, pero ellos no le quitaron gran cosa a Pemex. Éste sigue siendo el titular de más de 90% de los campos petroleros y el productor de más de 98% de todo el crudo en México.

Los apoyos del sexenio pasado no evitaron que Pemex se convirtiera en la petrolera mas endeudada del mundo porque ésta siguió siendo una empresa ineficiente. Decidir, con un cambio constitucional, que Pemex sería empresa productiva del Estado no operó un milagro. Cuando despertó, la improductividad seguía allí. Requiere entre 30 y 50% más trabajadores por barril producido que las líderes mundiales. En refinación, entre cinco y 10 veces más trabajadores por barril procesado que en Texas.

La corrupción explica parte de la ineficiencia, pero no es todo: Petróleos Mexicanos es una empresa mal administrada, organizada para cumplir el papel de vaca lechera de la hacienda pública y para fungir como ubre prodigiosa para miles de vampiros que la atacan desde la proveeduría, el sindicato o la nómina.

Hoy darán a conocer otro plan de apoyos para Pemex. Es el tercero en un lustro. Implica recursos adicionales por 5,200 millones de dólares. Éstos vendrán en tres “canastas”: alivio fiscal, capitalización del gobierno federal y monetización de pasivos laborales. Además, debemos considerar los 25,000 millones que inyectará la Secretaría de Energía para empezar la refinería de Tabasco.

¿Cuántos apoyos más necesitará Pemex? La historia de las inyecciones a Pemex continuará, mientras esta empresa siga siendo lo que es: un monumento a la ineficiencia. Noten que los recursos para aliviar los pasivos laborales implican la segunda inyección en este rubro en menos de cuatro años. Ahora son 1,800 millones de dólares. A fines del 2015, fueron 10,200 millones de dólares.

Transformar a Pemex implica cambios de fondo. En puerta está una reforma a la Ley de Pemex que dará más facultades al director general y centralizará los controles en su oficina. Los expertos advierten que esta reforma puede convertir a Pemex en una oficina de la Presidencia. Llaman a una discusión a fondo sobre lo que Pemex necesita. En Palacio, ni los ven, ni los oyen, pero viene un nuevo eslogan para la petrolera: Por el rescate de la soberanía.

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Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.