Ayer, durante su conferencia matutina, el presidente de la República comentó: “Afortunadamente, como una bendición, ya cuando estaban por terminar la obra de destrucción, sonó la campana. Se llevó a cabo la elección del día 1 de julio del año pasado y la gente dijo: ‘Basta, va a haber un cambio, va a haber una transformación. Eso es la salvación del país’”. López Obrador se autoproclamó, entonces, como la bendición salvadora de la patria. Así, de ese tamaño.

Tales aseveraciones inevitablemente me hicieron recordar el egocentrismo de Antonio López de Santa Anna, quien apreciaba tanto a su persona que, en 1842, organizó un funeral para la pierna que perdió en batalla. Años después, este personaje se hizo llamar Alteza Serenísima. Cualquier parecido con la realidad es preocupante.

Las constantes y polémicas declaraciones del primer mandatario, así como las vejatorias acciones que ha perpetrado en contra de múltiples sectores de la población, motivaron que el viernes pasado, en la cuenta de Twitter, @SocCivilMx, se publicara una pregunta acerca de la hipotética posibilidad de que el presidente López Obrador fuera removido de su cargo y, de ser así, ¿quién podría ocupar su lugar? Las respuestas comenzaron a fluir, pocos nombres surgieron. La mayoría mencionó al doctor José Antonio Meade, quien, a pesar de su calidad humana y profesional, siempre llevará a cuesta la derrota en la elección presidencial. La crisis de liderazgos se hizo evidente.

El sábado pasado, por la noche, empezó a circular información en Twitter sobre la creación de un grupo plural de ciudadanos con el hashtag #YoSiQuieroContrapesos. Se trata, a decir de ese movimiento, de un grupo plural de ciudadanos con distintas trayectorias, inquietudes y preocupaciones, que se han reunido para intercambiar visiones y preocupaciones comunes y acordar caminos para el fortalecimiento de la democracia y la justicia en México. Junto con esta información se publicó una lista con los nombres de las personalidades que integran ese movimiento civil, pero algunos integrantes son políticos, por ejemplo: Agustín Basave, Cecilia Soto, Emilio Álvarez de Icaza, Guadalupe Acosta Naranjo, Gustavo Madero, Luis Donaldo Colosio Riojas, Martha Tagle Martínez, Luis Sánchez Martínez y Xóchitl Gálvez. Todos ellos, desde sus partidos, tienen la oportunidad de alzar la voz y constituir una auténtica y sólida oposición. Por ello, no comprendo porqué se hacen llamar “sociedad civil organizada”, si se trata de profesionales en el poder. ¿Quieren ponerse camuflaje? Parecen lobos disfrazados de oveja.

Este grupo de mexicanos tampoco se salvó de la implacable guadaña del primer mandatario, quien, durante la misma conferencia, se refirió a ellos como: “Los intelectuales orgánicos del conservadurismo en México”. Les recomendó que formen una escuela de cuadros para crear la nueva clase política conservadora del país. Terminó llamándoles “ternuritas”.

El presidente López Obrador parece empeñado en trasladarnos al siglo XIX, reviviendo las épicas batallas entre liberales y conservadores. Alguien debería informarle que todo aquello quedó superado después de la promulgación de la Constitución Mexicana de 1917; que vivimos en una república federal, y que las corrientes políticas actuales se rigen por otro tipo de ideologías.

En lo único que tuvo razón el primer mandatario es que en México tenemos ausencia de cuadros políticos. Pareciera que no se percata que gracias a ello logró convertirse en presidente de la República.

@Ernesto_Millan

Ernesto Millán

Columnista

Molinos de Viento

Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México. Maestro en Dirección y Gestión Pública Local por la Unión Iberoamericana de Municipalistas. Ha ocupado diferentes cargos en gobierno federal, estatal y municipal por más de 20 años. Es Secretario Técnico del Consejo Consultivo de la Federación Nacional de Municipios de México (Fenamm) y Consejero Jurídico de la Comisión Unidos Contra la Trata A.C.