El tema de las  drogas recreativas genera debate cuando se trata de deportistas, pero hay que recordar que no otorgan ventajas al momento de competir.

Quienes seguimos la liga de futbol sabemos que la noticia de los últimos días es el posible caso de dopaje de Víctor Guzmán, el talentoso futbolista del Club Pachuca, que sería el fichaje estrella del Guadalajara. De acuerdo con el diario Reforma, la posible sustancia encontrada fue una droga considerada como recreativa, es decir, que no le otorga una ventaja deportiva. Supongo, incluso, que depende qué y cuándo pudo haberla ingerido, pudo haber surtido un efecto en detrimento de su desempeño. El periodista deportivo Martín del Palacio dio a conocer su opinión sobre el tema, en el sentido de que la situación de un deportista que sale positivo en una prueba de dopaje de una droga recreativa es radicalmente distinta a la de uno que ingirió una sustancia para obtener una ventaja. Su postura desató un intenso debate en redes. En lo personal, comparto la postura de Palacios y creo que el tratamiento del tema dice mucho de la criminalización que hacemos de los consumidores de drogas en México, de cómo eso les genera mayores riesgos y daños.

Una persona que consume una sustancia con fines recreativos no es un tramposo, tampoco un delincuente, ya que no está prohibido el consumo de sustancia alguna (no así su venta) y no necesariamente, por haber dado positivo en una prueba, su consumo es problemático. Es decir, si es verdad que el futbolista en cuestión consumió una sustancia de esa naturaleza, se le debe proporcionar información sobre los riesgos de la misma (en casos como el de mariguana, los riesgos son similares al alcohol), pero sólo en caso de consumo desproporcionado, se debería someter a algún tipo de tratamiento de ayuda. No tiene ninguna trascendencia interrumpir la carrera de un futbolista, o de cualquier otra persona, por el hecho de que haya consumido alguna otra sustancia que no otorga una ventaja cuando compite. En Estados Unidos, por ejemplo, el haber consumido un droga ilegal dejó de ser una razón para no ser contratado por una institución de inteligencia o seguridad, ya que prácticamente ningún egresado universitario cubría ese requisito. Es verdad que idealmente los deportistas deberían ser un ejemplo, pero, quienes seguimos la liga de futbol, sabemos de los escándalos relacionados con el consumo excesivo de alcohol, por ejemplo, no derivaron una suspensión de los jugadores involucrados.

El caso muestra los efectos del modelo paradigmático actual que regula las drogas: el prohibicionista, mismo que genera en los consumidores daños mayores a los que generan las propias sustancias, ya que los obliga a proveerse con delincuentes y, además, los criminaliza. Un usuario, en un ambiente adverso, en el que se le niegan oportunidades laborales e incluso se le persigue y encarcela, no encuentra ni la información, ni los medios, para reducir riesgos y daños del consumo, y prevenir adicciones. Eso nos recuerda que, a pesar de foros, discusiones y nuevas regulaciones en países vecinos tenemos regulaciones absurdas que, por ejemplo, obligan a enviar al Ministerio Público a quienes poseen cantidades menores de mariguana, sin la intención de comercializar. Eso implica que cientos de miles de personas sean puestas a disposición del Ministerio Público, con el riesgo que eso implica, y con el desperdicio de recursos ministeriales, que bien podrían utilizarse para investigar los delitos que tienen un impacto directo en la sociedad. Con esto nos damos cuenta de que, sólo con el hecho de incrementar la cantidad de portación de mariguana, se tendrían importantes efectos en reducir la criminalización a los usuarios de la planta. Si queremos reducir riesgos, daños, criminalización y violencia, debemos comenzar por darle otro enfoque al consumo de drogas recreativas, con una visión integral encaminada a la prevención de adicciones, el consumo responsable y, desde luego, la regulación.

Twitter: @vidalllerenas

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.