Aunque la salida de la pandemia comienza a dibujarse, es claro que no todos los países saldrán al mismo tiempo de la crisis sanitaria y, como consecuencia, reiniciar su recuperación económica. El Covid nos ha recordado lo dispar en los niveles de desarrollo en el mundo e incluso, la realidad de que la diferencia existe dentro de cada país. Las naciones más pobres y las comunidades marginadas han sido las que más han padecido las consecuencias del SARS-CoV-2 de las que nadie ha escapado. En esta primera etapa de vacunación, ha habido un desigual reparto de vacunas, producto de la fuerte capacidad económica de las naciones desarrolladas quienes, además, invirtieron con anticipación en su desarrollo. En el otro extremo, las naciones menos avanzadas se mantienen lejos de las vacunas atrapadas en la marginación, la pobreza y el abandono, así como la revoltura ideológica que envuelve a sus sociedades. Los llamados de la ONU, la OMS y otras instancias han servido de poco; la salida de la pandemia y la recuperación económica avanzan para unas cuantas naciones mientras otras tendrán que esperar.

Algo tenemos que hacer los seres humanos para lograr disminuir la desigualdad entre nosotros. Los llamados a la dádiva, sin embargo, no son suficientes, ya que los recursos económicos son por naturaleza, escasos. De poco sirven los argumentos de que las naciones desarrolladas gastan en armamento y guerra el equivalente al costo de vacunar a toda la población mundial 10 veces o que el gobierno de EU impulsará la vacunación de las naciones más pobres con una donación de 4,000 mdd cuando gasta 731,000 mdd en presupuesto de defensa que este año subió 9 por ciento. La lógica económica no opera con la extracción de rentas o la dádiva. El drama que vive la mayor parte de la humanidad obliga a hacernos reflexionar en si hemos estado en el camino correcto. En este momento histórico es difícil sostener que el proceso de generación de riqueza ha sido equivocado. Lo que está aún pendiente de resolverse es la forma en cómo se distribuye esta riqueza. En los últimos años ha venido surgiendo una fuerte corriente social y política que busca traer al pensamiento económico una mayor conciencia social. En nuestro país este esfuerzo lo ha encabezado el presidente Andrés Manuel López Obrador, en el mundo existen ejemplos que surgen de las propias empresas. La pandemia que sufrimos todos impulsará esta conciencia social que tendremos que aprovechar, para hacer de nuestra convivencia algo más humano y no tan material.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

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