La demagogia es una perversión de la política. El demagogo, a través de la retórica y de decisiones y acciones, apela a prejuicios y emociones, odios, resentimientos e ignorancia, con el objeto concentrar poder y mantenerlo de manera indefinida. Un ejemplo preclaro de ello ha sido la grotesca e ilegal consulta, y la decisión de cancelar el proyecto cervecero de Constellation Brands en Mexicali. El gobernante populista, nuevamente, exige ratificarse a sí mismo; manotea, gesticula, parlotea, delira, acusa y calumnia, y pisotea el Estado de derecho desde el púlpito presidencial, no importa que sacrifique el futuro del país e incluso que socave su propio proyecto autocrático, el narcisismo desbocado le impide reconocerlo. Rechaza la razón y las cifras, a los expertos y a la ciencia. Sólo cuenta su instinto iluminado.

Ciertamente, el valle de Mexicali observa un proverbial estrés hídrico, producto de su fisiografía y del despilfarro de agua que lleva a cabo desde hace casi un siglo la agricultura de riego, en una pobre emulación del Valle Imperial de California, al otro lado de la frontera. La verdadera tragedia ecológica de la región ha sido el exterminio de los ecosistemas del delta y desembocadura del río Colorado, antes de asombrosa exuberancia y biodiversidad en sus bosques de galería, praderas, humedales y estuarios. Todo ha desaparecido, y con ello las aportaciones de agua dulce del propio río hacia el Alto Golfo de California. La agricultura de riego a ambos lados de la frontera ha sido la responsable y ejecutora del ecocidio. Pero eso a pocos importa.

La oferta total de agua en el valle de Mexicali es de 3,000 millones de metros cúbicos anuales (MMC); 62% viene del río Colorado (en términos de Tratado de Aguas y Límites entre México y Estados Unidos), el resto de acuíferos subterráneos. Casi 95% de estas aguas es detentada por una agricultura de riego ineficiente y derrochadora, mientras que la industria utiliza poco más de 4% y el uso público urbano alrededor de 1 por ciento. A pesar de ello, el municipio de Mexicali tiene un excedente importante de agua: de un total asignado de 124 MMC, consume sólo 93 MMC, mientras que el resto (sin considerar pérdidas) son transferidos en buena parte a las ciudades de Tijuana y Tecate. Pronto, la planta desaladora de agua de mar que se construye en Rosarito liberará ese caudal excedente. Es en este escenario que se emprendió la construcción de la planta cervecera de Constellation Brands y que a la fecha, antes de su cancelación arbitraria por parte del gobierno federal, llevaba un avance de aproximadamente 60 por ciento.

La planta cervecera iría a demandar 3.15 MMC que representan 0.11% de la disponibilidad total en el valle de Mexicali, y 14% del excedente. La empresa adquirió 600 hectáreas de tierras agrícolas para el desarrollo del proyecto, con lo cual se liberaron 3.5 MMC de agua antes usada para riego, y que serían transferidos a la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Mexicali para uso público urbano e industrial. Es decir, la empresa iba a retornar al municipio de Mexicali más agua de la tomaría. Huelga decir que Constellation Brands cuenta con todos los permisos, concesiones y autorizaciones requeridas por la ley. También, que el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua y la propia Comisión Nacional del Agua llevaron a cabo los estudios hidrológicos necesarios que determinaron la viabilidad del proyecto. Se han invertido ya más de 900 millones de dólares, de un total de 1,400 millones de dólares, con una generación de más de 2,000 empleos directos. Todo esto se ha perdido. Se trata de una confiscación ilegal y autocrática, y que seguramente implicará que el gobierno mexicano (o sea, todos nosotros) pague a la empresa una indemnización por aproximadamente 35,000 millones de pesos. Asistimos a una réplica de la absurda cancelación del NAIM en Texcoco, con un daño patrimonial sin precedente a la nación, y que lanza una señal rotunda de desconfianza e incertidumbre económica.

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.